Archivo de la categoría: Sakyong Mipham Rinpoche

Convertirse en Budista (por Sakyong Mipham Rinpoche)

Hacer el voto del refugio en el Buda significa reconocer las cualidades búdicas que nos son inherentes. Hacemos el voto del refugio en nuestra propia iluminación intrínseca.

En estos tiempos hay mucha gente que lee libros sobre budismo, que practica la meditación budista y que aplica los principios budistas a su trabajo y a su vida personal. Si eres uno de los que se interesa por el dharma, puede llegar un momento en que quieras decidir si realmente eres budista o no.

La decisión formal de convertirse al budismo la marca la ceremonia del refugio, en el que uno hace el voto del refugio en las tres joyas: el Buda, el dharma y la sangha (la comunidad de practicantes budistas). Algunas personas que hacen el voto del refugio se preguntan más tarde si tomaron la decisión correcta, así que es importante sopesar seriamente si lo que uno quiere en la vida es convertirse al budismo. No se hace el voto del refugio por una temporada. Se supone que, cuando se hace el voto del refugio, es para siempre.

Hacer el voto del refugio implica cómo vamos a vivir la vida. Hacemos el voto del refugio porque hemos buscado por doquier un lugar donde podríamos estar contentos, donde podríamos reducir la ansiedad. Pero cuando miramos el mundo nos percatamos que no existe ningún lugar en el que podamos encontrar armonía o comprender la naturaleza de las cosas.

Hacemos el voto del refugio en el Buda porque emprendemos el mismo camino que él recorrió. El Buda vivió en un palacio y comía y bebía bien. Si en aquella época hubiera existido el cine, habría visto todas las películas. Hizo todo lo que había que hacer y, a pesar de eso, se dio cuenta que, de todos modos, algo no iba bien. Asi que, como el Buda, nos preguntamos “¿dónde nos está llevando la vida?” y, como el Buda, miramos dentro para comprender la mente.

Al hacer el voto del refugio en el Buda, tomamos al Buda como ejemplo. El Buda no es un dios: no se trata de una situación teísta en la que el Buda es bueno y nosotros malos, o en la que él manda y nosotros obedecemos. De hecho, el Buda somos nosotros. Somos Buda pero todavía no nos hemos percatado de nuestro estado búdico pleno.

El Buda se percató de que realmente no existe el ser. Cuando miró al ser, eso a lo que nos aferramos tanto, se dio cuenta que realmente no existe. Desde un punto de vista más amplio, no sólo vio más allá del ego personal sino que también superó la idea de los fenómenos externos. El Buda se dio cuenta de la ausencia de ego propia y ajena. Realmente superó todo el mundo de la dualidad: samsara y nirvana, existencia y no-existencia, eternalismo y nihilismo.

Asi que miramos al Buda con respeto y valoramos que nos mostrara cómo vivir la vida. Al hacer el voto del refugio en el Buda, nos protegemos de la confusión, del caos y del sufrimientos. Superamos la tendencia discursiva y las emociones conflictivas. Es muy personal. Nadie más puede identificar un pensamiento en tu lugar; nadie más puede lidiar con esa emoción en tu lugar. Uno tiene que trabajarlo por sí solo.

Cuando hablamos de hacer el voto del refugio en el Buda, nos referimos a las cualidades del Buda que nos inherentes. El Buda posee sabiduría, compasión y poder: sabiduría porque sabemos lo que estamos hacienda, compasión porque tenemos un corazón tierno y nos ocupamos de los demás y poder porque continuamos el recorrido. Lo llamamos naturaleza búdica. Hacemos el voto del refugio en nuestra propia iluminación intrínseca.

Esto nos conduce al dharma, que es el Segundo aspecto del voto del refugio. No importa tanto quién era el Buda como lo que expresó: la verdad, el dharma. El mensaje del Buda de que no existe el ser fue “una proclamación intrépida de la verdad”.

Cuando empezamos a meditar, descubrimos que siempre estamos pensando en cosas tales como a quién conocemos, de dónde venimos, qué vamos a hacer. Nos percatamos de que la idea que tenemos de quiénes somos está toda relacionada con los demás. Hemos creado esta identidad individual relacionada con los demás.

Así que en algún momento, cuando la mente se empieza a relajar y los pensamientos empiezan a desaparecer, nos entra un poco de miedo. Empieza a disolverse la sensación de límites que tenemos. No hay nadie a quien hablar. No hay nadie ahí. Nos percatamos que sólo nos estamos aferrando a una idea de quiénes somos; nos estamos aferrando a una conceptualización. De hecho, es conceptualización todo aquello con lo que nos involucramos. El proceso de meditación nos ayuda a darnos cuenta de la verdad del dharma. Así que ¿podemos ser tan intrépidos? ¿Podemos mirar lo que está ahí, o lo que no está ahí?

Cuando hacemos el voto del refugio en el dharma, no estamos siguiendo una senda marcada. Realmente tenemos que mirar dentro de nuestra propia mente y el dharma nos ayuda a eso. La verdad es constante, así que el dharma proporciona cierta estabilidad en la vida. El dharma actúa como protección; nos protege la mente y el corazón.

Por ultimo hacemos el voto del refugio en la sangha, la gente que está con nosotros en la senda. Quienes están en la senda son guerreros, porque están intentando vencer el samsara. Los socios de la sangha se apoyan unos a otros y cuidan unos de otros. No son perfectos pero nos inspiran porque son gente que quiere profundizar la práctica de prestar atención, darse cuenta y compasión. La sangha también es un recipiente. Cuando practicamos juntos, la sangha contribuye a nuestra disciplina. Nos percatamos que hay otra gente alrededor que pasa por el mismo proceso. Eso es alentador.

Estamos hablando de emprender una senda especial. Pero esta senda la han recorrido grandes practicantes antes que nosotros y ahora nos corresponde recorrerla. Debemos comprender que es perfectamente posible; no hay ninguna razón por la que no podamos recorrer esta senda. Sí, todos tenemos una situación personal o karma: algunos tendemos a ser un poco más perezosos, otros tendemos a ser más rígidos. Todos tenemos tendencias varias. Pero la verdad es siempre la misma. Es immutable en nosotros.

Ésa es la belleza del dharma: está completamente disponible. No necesitamos ninguna credencial concreta para comprenderlo. Por otro lado, tenemos que escuchar, meditar y contemplar. Tenemos que comprender lo que estamos haciendo. Tenemos que corregir las equivocaciones.

Hacer el voto del refugio no significa que Sie sollten das auf jeden Fall einmal ausprobieren!Es ist nicht leicht, das Online Casino zu finden, welches den besten Casino Bonus verfugbar macht. consideramos verdad incuestionable las palabras de Buda. Debemos cuestionarnos las palabras del Buda. Tenemos que preguntarnos “¿Esto es real? ¿Funciona de verdad? ¿Tiene sentido?”. El Buda no dijo “voy a salvarte”. Dijo “cada uno tiene la capacidad de mejorar su situación. Uno tiene todas las capacidades. Corresponde a cada cual ponerlas en práctica”. En última instancia, ésa es la verdad en la que hacemos el voto del refugio.

© Sakyong Mipham Rinpoche 2000

Becoming a Buddhist

By Sakyong Mipham Rinpoche

“When we take refuge in the Buddha, we mean the qualities of the Buddha that are inherent within us. We are taking refuge in our own intrinsic enlightenment.”

Many people these days are reading books about Buddhism, practicing Buddhist meditation, and applying Buddhist principles in their work and personal lives. If you are one of those who is interested in the dharma, you may come to a point where you want to decide whether you really are a Buddhist or whether you are not.

The formal decision to become a Buddhist is marked by the refuge ceremony, in which you take refuge in what are known as the three jewels: the Buddha, the dharma, and the sangha (the community of Buddhist practitioners). Some people who take the refuge vow wonder afterwards if they made the right choice, so it’s important to consider seriously whether becoming a Buddhist is what you want to do with your life. Taking refuge is not a temporary situation. Once you take the refuge vow, it’s supposed to last forever.

Taking refuge is about how we are going to lead our lives. We take refuge because we have looked everywhere for a place we could be content, where we could reduce our anxiety. But when we looked at our world, we realized that there is no place for us to find harmony, or to understand the nature of things.

We take refuge in the Buddha because we are taking the same journey as he did. The Buddha lived in a palace and had good food and drink. If there had been movies then, he would have watched them all. He did everything there was to do, yet he realized that something was still not quite right. So like the Buddha, we ask, “Where is our life taking us?” and, like the Buddha, we look inside to understand the mind.

When we take refuge in the Buddha, we take the Buddha as an example. The Buddha is not a god—this is not a theistic situation where Buddha is better and we are worse, or he is the boss and we are the servants. In fact, Buddha is us. We are Buddha, but we have not yet realized our full buddhahood.

The Buddha realized that there is really no self. When he looked at the self, that self we hang on to so tightly, he realized that it does not really exist. From a greater point of view, he not only saw beyond personal ego, he also overcame the notion of external phenomena altogether. The Buddha realized the egolessness of both self and other. He actually overcame the whole world of duality—samsara and nirvana, existence and non-existence, eternalism and nihilism.

So we look at the Buddha with respect and appreciation for showing us how to live our life. When we take refuge in the Buddha, we take shelter from confusion, chaos and suffering. We are overcoming our discursiveness and our conflicting emotions. It is very personal. Nobody else can identify that thought for you; nobody else can deal with that emotion for you. You have to work it out for yourself.

When we talk about taking refuge in the Buddha, we mean the qualities of the Buddha that are inherent within us. The Buddha possesses wisdom, compassion and power: wisdom so we know what we are doing, compassion so we have a soft heart and care about others, and power so we can continue the journey. We call that buddhanature. We are taking refuge in our intrinsic enlightenment.

This leads us to the dharma, which is the second aspect of taking refuge. What’s important is not so much who the Buddha was but what he expressed—the truth, the dharma. The Buddha’s message that there is no self was “a fearless proclamation of the truth.”

When we begin to meditate, we discover that we’re always thinking about things such as who we know, where we’ve come from, what we’re going to do. We realize that our idea of who we are is all in relationship to other. We have created this individual identity in relationship to other.

So at a certain point, when our mind begins to relax and our thoughts begin to disappear, we may become a bit frightened. Our sense of boundary begins to dissolve. There is no one to talk to. There is no one there. We realize we’re just holding on to an idea of who we are; we are holding on to a conceptualization. In fact, everything we engage in is conceptualization. The process of meditation helps us realize the truth of the dharma. So can we be that fearless? Can we look at what is there—or what is not there?

When we take refuge in the dharma, we are not following some prescribed path. We really have to look inside our own mind, and the dharma helps us to do that. Truth is constant, so the dharma provides some stability in our life. The dharma acts as our protection; it protects our mind and it protects our heart.

Finally, we take refuge in the sangha, the people who are on the path with us. Those who are in the sangha are warriors, because they are trying to overcome samsara. Members of the sangha support one another and care for one another. They are not perfect, but they inspire us because they are people who want to deepen their practice of mindfulness, awareness and compassion. The sangha is also a container. When we practice together, the sangha helps our discipline. We realize that there are other people around who are going through the same thing. That gives us a feeling of encouragement.

We are talking about taking a special path. But this path has been traveled by great practitioners before us, and it is now up to us to travel it. We must understand this is completely possible; there is no reason at all that we cannot travel this path. Yes, we all have our own individual situations or karma—some of us tend to be a little bit more lazy, some of us tend to be more uptight. We all have various tendencies. But the truth remains the same. It is unchanging within us.

That is the beauty of the dharma: it is completely available. We don’t need any particular credentials in order to understand it. On the other hand, we do need to hear, meditate and contemplate. We do need to understand what we are doing. We do need to correct our misunderstandings.

Taking refuge does not mean that we take Buddha’s words as the unquestioned truth. We must question the words of the Buddha. We need to ask, “Is this real? Does this actually work? Does it make sense?” The Buddha didn’t say, “I am going to save you.” He said, “You have the ability to make your situation better. You have all the capabilities. It is up to you.” Ultimately, that is the truth in which we are taking refuge.

Sakyong Mipham Rinpoche is holder of the Buddhist and Shambhala lineages of his father, the late Chögyam Trungpa Rinpoche. In 1995 he was recognized as the incarnation of the great nineteenth-century Buddhist teacher Mipham Rinpoche.

Becoming a Buddhist, Sakyong Mipham Rinpoche, Shambhala Sun, September 2000.

Siete cualidades para cultivar a diario (por Sakyong Mipham Rinpoche )

Siempre estamos meditando – constantemente colocamos nuestra mente en un objeto y nos familiarizamos con él. Pero ¿estamos también acostumbrándonos a las cosas que nos hacen avanzar en el camino?

Nuestra cultura moderna no nos anima a despertar, y sin un sentido de fortaleza interior, nos dejamos fácilmente invadir por las dificultades que nos rodean. Si no orientamos nuestra jornada hacia el crecimiento espiritual, nos invaden las prisas de la vida, alimentadas por nuestros patrones habituales. Mientras que algunos patrones habituales son fuentes de inspiración, otros simplemente nos agotan. La meditación nos enseña a darnos cuenta de estos patrones, que crean un tejido, una entidad que llamamos “yo”.
Cuando despertamos por la mañana, nuestra primera meditación a menudo es “¿Y yo qué?” Podemos aflojar este patrón estableciendo otro tipo de perspectiva. En vez de “¿Qué tengo que hacer hoy?”, o “¿conseguiré algún día dormir lo suficiente?” podemos preguntarnos, “¿Cómo puedo usar este día para dejar que el dharma cambie mis pensamientos, palabras y acciones? ¿Qué cualidades positivas debo cultivar?”

Llevar esta perspectiva al cojín enriquecerá nuestra meditación de la mañana. Y no importa cómo de bien haya ido nuestra meditación, entrar en nuestra vida diaria nos supone un cisma: “He acabado mi práctica y ahora tengo que ir a trabajar” Es un dilema insidioso que baja nuestra energía y dificulta nuestro crecimiento. Pensar que la práctica termina cuando dejamos la casa debilita nuestra capacidad para involucrarnos de todo corazón con el mundo exterior.

¿Así que, cómo podemos mantener una perspectiva dhármica a lo largo del día? Viendo el día como nuestra vida y la vida como nuestro camino, aprendemos a considerar todo lo que sale a nuestro encuentro como una oportunidad para practicar. Hay siete facetas de nuestra mente despierta que podemos cultivar de modo consciente para mejorar la cualidad de camino que tiene nuestra vida.

La primera es ausencia de ego. Para crecer, debemos estar dispuestos a ceder territorio. Podemos estar buscando fervientemente al maestro, a las enseñanzas o situaciones que encajan en nuestra zona de confort, pero el camino no se va a mostrar en nuestros propios términos. ¿Estamos preparados para abandonar nuestros patrones habituales -soltar el apoyo de conceptos, opiniones y comodidades? Para progresar debemos desear un cambio.

El gran santo tibetano Milarepa decía que para ceder el territorio, debemos entender la impermanencia. Si no entendemos la impermanencia, no tenemos un sentido de inmediatez. Y sin sentido de inmediatez permanecemos bajo la influencia de la ilusión prolongada de que somos eternos. En otras palabras, nos volvemos muy confortables con nuestros hábitos. Nuestra práctica es perezosa y nuestra mente se vuelve espesa. Así que cada día necesitamos cultivar el deseo de abandonar los patrones habituales que envuelven nuestra experiencia.

El segundo elemento para despertar es la fe. La palabra “fe” a menudo tiene un sentido de que aunque no estemos realmente seguros sobre algo, lo creemos igualmente. La fe de la que hablamos aquí se basa en saber lo que estamos haciendo, no en esperar algo magnífico. Es como si hemos comprobado nuestra barca buscando agujeros y no hemos encontrado ninguno, así que nos ponemos a navegar con anhelo de estar completamente involucrados en la práctica porque estamos seguros de que las enseñanzas van a funcionar. El ingrediente activo de nuestro anhelo se manifiesta como fortaleza y compasión.

Hay tres tipos de fe. La primera es la fe de la inspiración. Al ver un maestro, oír el dharma, o visitar un centro de meditación, nos sentimos inmediatamente inspirados. La fe surge de repente como un impacto muy poderoso. Engancha nuestra mente y nos entusiasmamos con ella. Simplemente sabemos que ha ocurrido.

Pero este tipo de fe no es sostenible. Debemos acompañar nuestra inspiración con curiosidad, de la que surge el segundo tipo de fe, el entendimiento. Nos preguntamos: “¿Qué es lo que ha hecho a esta persona ser como es? ¿Porqué este lugar es tan poderoso?” A no ser que investiguemos nuestra inspiración, perderemos nuestra motivación para practicar. Así que nos entra la curiosidad -leyendo, estudiando y oyendo el dharma. Así es como aumentamos nuestro entendimiento, que nos lleva a un tipo de fe más profundo porque sabemos por qué nos sentimos inspirados en el primer instante.

El tercer tipo de fe es el continuar. Nos hemos impresionado, luego hemos sentido curiosidad, y luego pensamos: “Yo también quiero ser así, voy a continuar ese camino” Los tres tipos de fe producen de modo natural una potente fuerza impulsora, combinando fuerza interior y compasión.

Deseando ceder, teniendo confianza, y anhelando avanzar, ahora necesitamos atrevernos. ¿Atrevernos a qué? Nos atrevemos a saltar de nuestras tendencias habituales samsáricas hacia otras más dhármicas. Cuando nos vemos caer en la meditación del “yo”, salimos de esta alucinación y con valor saltamos a un espacio más abierto. Esto puede ser algo tan sencillo como ceder nuestro puesto en una cola a alguien con prisas.

Si nos atrevemos a salir de la pereza de un salto, nos podemos volver ligeramente agresivos, así que también cultivamos la amabilidad. Esto significa disminuir la velocidad de manera que sincronicemos la intención con la palabra y la acción. La intención es usar cada día como camino espiritual. ¿Qué es el camino? Es un lugar para crecer. Con amabilidad, damos espacio y calidez para crecer, pero no forzamos el progreso -ni el nuestro ni el de nadie. Si no tenemos prisas con la mente, tenemos la paciencia de que las cosas de desplieguen de un modo natural.

Si nos volvemos demasiado amables, podemos hacernos flojos, débiles. Así que la siguiente es la valentía, la intrepidez. En cuanto a cómo nos involucramos con la vida, hemos dejado de dudar de nosotros mismos porque ya no tenemos miedo de nuestra mente.
Lo podemos mirar al revés. Aunque encontremos obstáculos, nos movemos hacia delante con firmeza: no tenemos miedo de ceder territorio o dar el salto. La valentía tiene un elemento decisivo, además: en algún momento podemos responder a las situaciones con un simple “sí” o “no” -los “quizás” los dejamos aparte.

Con la valentía viene la conciencia del darse cuenta. No seguimos atados a nuestros patrones habituales, no usamos la esperanza y el miedo para manipular el entorno. Nos damos cuenta de lo que pasa en nuestra vida. Tenemos más energía porque no nos preocupa intentar mantener el concepto del “yo” y su polaridad. Nuestra práctica se vuelve más tridimensional.

La última de la lista es el sentido del humor. No he conocido ningún gran practicante que no tenga un gran sentido del humor. Es un signo de flexibilidad e inteligencia. ¿Alguien quiere ser un practicante pesado, frunciendo el ceño mientras trata de empujar la realización? Con una mirada dhármica podemos ver las cosas con ligereza porque estamos conectados con nuestra integridad, con nuestro ser.

Cada mañana podemos escoger uno de estos elementos como contemplación y practicar. A lo largo del día, nos podemos entrenar en traer nuestra mente a la ‘ausencia de ego’, a la ‘fe’ o a la ‘amabilidad’ -primero como palabras, luego como acciones. A la noche, podemos dedicar un momento antes de irnos a dormir y reflexionar sobre lo que ha ocurrido “¿Cómo empleé mi día para nutrir mi mente y mi corazón?”

Entrenarnos para incrementar nuestras tendencias habituales dhármicas es una fuerte perpetua de inspiración y fortaleza que proporciona un marco para la toma de decisiones a cualquier nivel. Es de esta manera que conseguimos pensar siempre hacia delante, nos volvemos gente visionaria que usa cada situación como una oportunidad para enlazar lo trascendente con lo práctico y viceversa.

Seven Qualities to Cultivate Every Day (by Sakyong Mipham Rinpoche)

We are always meditating—constantly placing our minds on an object and becoming familiar with it. But are we getting used to things that will take us forward on the path?

Our modern culture does not encourage awakening, and without a sense of inner strength, we are easily invaded by the difficulties around us. If we don’t orient our day toward spiritual growth, the speed of our life takes over, fueled by habitual patterns. While some habitual patterns are a source of inspiration, others just drain our energy. Meditation trains us to notice these patterns, which create the fabric of the entity known as “me.”

When we wake up in the morning, our first meditation is often “What about me?” We can loosen this pattern by setting a different kind of view. Instead of “What do I have to do today?” or “Will I ever get enough sleep?” we can ask ourselves, “How can I use this day to let the dharma change my thoughts, words, and actions? What positive qualities shall I cultivate?”

Carrying this view to the cushion will enrich our morning meditation. Yet no matter how well our meditation goes, entering into everyday life presents a schism: “I finished my practice and now I have to go to work.” It’s an insidious dilemma that lowers our energy and hampers our growth. Thinking practice is over when we leave the house weakens our ability to engage wholeheartedly with the world outside.

So how do we carry a dharmic view into the day? By seeing the day as our life, and our life as the path, we learn to regard everything we meet as an opportunity to practice. There are seven facets of awakened mind that we can consciously cultivate to enhance the path-like texture of our life.

The first is egolessness. In order to grow, we must be willing to give up territory. We may look fervently for the teacher, teachings, or situation that fits into our comfort zone, but the path is not going to happen on our own terms. Are we prepared to abandon our habitual patterns—to give up the support of concepts, opinions, and comforts? To make progress, we need to be willing to change.

The great Tibetan saint Milarepa said that to give up territory, we have to understand impermanence. If we don’t understand impermanence, we don’t have a sense of immediacy. Without a sense of immediacy, we remain under the influence of the protracted illusion that we are eternal. In other words, we become very comfortable in our habits. Our practice is lazy and our mind tends to be thick. So every day we need to cultivate the willingness to give up the habitual patterns that warp our experience.

The second element to awaken is faith. The word “faith” often has the sense that even though we’re not really sure about something, we believe in it anyway. The faith we’re talking about here is based on knowing what we’re doing, not in hoping for the best. It’s as if we’ve checked our boat for holes and found none, so we set sail with a yearning to be completely engaged in practice because we’re certain that the teachings will work. The active ingredient of our yearning manifests as strength and compassion.

There are three kinds of faith. First is the faith of inspiration. Seeing a teacher, hearing the dharma, or visiting a meditation center, we feel an immediate inspiration. Faith suddenly arises as a very powerful hit. It hooks our mind and we become excited about it. We just know.

But that kind of faith is not sustainable. We must supplement our inspiration with curiosity, from which the second kind of faith arises, understanding. We ask ourselves, “What made that person that way? Why is this place so powerful?” Unless we investigate our inspiration, we will lose our motivation to practice. So we get curious—reading, studying, and hearing dharma. That’s how we increase our understanding, which leads to a deeper kind of faith because we know why we were inspired in the first place.

The third kind of faith is following through. Having been impressed, then curious, we now think, “ I want to be like that, so I will follow this through.” The three kinds of faith naturally sequence into a potent driving force, combining inner strength and compassion.

Being willing to give up, having trust, and yearning to go forward, we now need to be daring. But to do what? We dare to jump out of our samaric habitual tendencies into more dharmic ones. When we see ourselves falling into the “me” meditation, we emerge from our hallucination and courageously take a leap into a more open place. This can be as simple as giving up our place in line to someone in a hurry.

If we dare to jump out of laziness, we might become slightly aggressive, so we also cultivate gentleness. That means slowing down so that we synchronize our intention with our speech and action. Our intention is to use the day as a spiritual path. What is the path? It is a place to grow. With gentleness, we provide the space and warmth for growth, but we don’t force progress—our own or others’. If we’re not in a rush with our own mind, we have the patience to let things unfold naturally.

If we become too gentle, however, we might become feeble. So fearlessness comes next. In terms of how we engage in our life, we’re no longer second-guessing ourselves, because we’re not afraid of our mind. We can look at it head-on. Although we encounter obstacles, we steadfastly move forward; we’re not afraid of giving up territory or taking a leap. Fearlessness has a decisive element, too: at some point we can respond to a situation with a simple “yes” or “no”—the “maybes” go out the door.

With fearlessness comes awareness. No longer cloaked in habitual pattern, no longer using hope and fear to manipulate the environment, we are aware of what’s happening in our life. We have more energy because we’re not burdened by trying to maintain the concept and polarity of “me.” Our practice becomes more three-dimensional.

The last entry on this list is a sense of humor. I haven’t met any great practitioner who didn’t have a good sense of humor. It’s a sign of pliability and intelligence. Who wants to be a brow-heavy practitioner, squinting hard as we try to push out realization? With a dharmic eye, we’re able to see things with some levity because we’re connected to our wholesomeness.

Each morning we can choose one of these elements as a daily contemplation and practice. Throughout the day, we can train ourselves to bring the mind to “egolessness,” “faith,” or “gentleness”—as words, then actions. In the evening, we can take a moment before going to sleep and reflect on what happened: “How did I use this day to nurture my mind and heart?”

Training to increase our dharmic habitual tendencies is a perpetual source of inspiration and strength that provides a standard for decision-making at every level. It’s how we become perpetually forward-thinking, visionary people who can use every situation as an opportunity to cross over from the transcendent to the practical—and back.

Discurso de la Cosecha de la Paz 2009 (por Sakyong Mipham Rinpoche)




El Sakyong, Jamgön Mipham Rinpoche
Discurso de la Cosecha de la paz, 20 de septiembre de 2009
Dorje Denma Ling, Tatamagouche, Canadá

Buenos días y saludos a todo el mundo desde Dorje Denma Ling, donde estoy dirigiendo la cuarta, creo, Asamblea del Sello del Escorpión. Ha sido todo un verano especial. Me siento feliz de haber podido ver a tantos de vosotros y practicar juntos. A muchos os ví en estos retiros de la sangha y en otros cuantos acontecimientos de este verano.

Ahora llegamos al otoño, al discurso tradicional de la Cosecha de la paz. Lo primero, quiero daros recuerdos de la Sakyong Wangmo, Dechen Chöying Sangmo, que os envía todo su afecto y amor a todos vosotros. Dentro de unas semanas le gustaría dirigirse a vosotros.

Para muchos de vosotros ésta será la última vez que haga un discurso de esta forma moderna e íntima, antes de irme de retiro. Antes de que nos volvamos a encontrar en persona, quiero compartir con vosotros unas pocas ideas, pensamientos y deseos que tengo en el corazón. Como sabéis muchos de vosotros, este año que viene es un año de retiro para mí. Astrológicamente hablando, este año concreto indica obstáculos y retos. Durante unos cuantos años, desde que era bastante joven, se me advirtió que este año debía irme de retiro. Voy a hacer caso y haré el retiro que consiste, básicamente, en profundizar más en las prácticas. Todo indica que saldré del retiro durante una o dos semanas en el próximo mes de julio para enseñar unas asambleas muy breves del Sello del Escorpión, para mantener esa energía, y luego volveré al retiro durante otros seis u ocho meses.

Hace ya casi veinte años que he estado dedicado a guiar, aconsejar y dirigir esta comunidad concreta de Shambhala y han ocurrido muchas cosas en todo este tiempo. Por supuesto he visto cómo evolucionaba, se desarrollaba y maduraba esta comunidad y he aprendido una cantidad tremenda de cosas en ese período. Ha sido una práctica verdadera, a veces con muchos retos y a veces espléndida. Tengo la impresión de que estamos todos en un momento decisivo. Varios miles de personas se han comprometido este verano concreto con todas estas prácticas. He notado el cambio en el tiempo que hemos pasado juntos, veo un cambio generacional. Es maravilloso ver la segunda y tercera generación de practicantes, todos juntos, trabajando para crear la visión de Shambhala. Concretamente, creo que este verano ha sido una celebración y profundización de la esencia básica de lo que deseaba y quería el Dorje Dradül. Mientras vivió no pudo hacer muchas de las cosas que hacemos ahora, a las que él aspiró y a las que, obviamente, me animó a hacer en el futuro.

Me siento afortunado y bastante emocionado de que la comunidad trabaje al unísono. Concretamente, me gusta que hayamos establecido el linaje Shambhala, comprendiendo su cualidad única, enraizada en el guerrero tradicional que muestran las enseñanzas Shambhala. Las enseñanzas del guerrero no destacan la idea convencional de lo guerrero como forma de agresión, sino que subrayan el enfoque de no rendirse nunca y de cultivar la intrepidez y la fortaleza. Tengo la impresión de que, independientemente del camino espiritual que siga cada uno, cada vez necesitamos más estos elementos de fortaleza e intrepidez, además de una afabilidad y humildad tremendas.

Hay seres guerreros reales y, por supuesto, puede haber muchos más, pero, a día de hoy, me siento satisfecho del desarrollo de la situación. En el centro mismo de esta enseñanza concreta se encuentra el linaje Shambhala. Obviamente el propio Dorje Dradül recibió la autorización y fue entronizado como Sakyong, igual que yo más tarde, para poder continuar esta actividad. Este linaje es simplemente una respuesta a lo que se necesita en un momento determinado. Como creo que todos sabemos, y hoy es especialmente importante ya que hablamos de paz, cosecha, crecimiento, madurez y calidez, la paz es la única forma de sobrevivir como raza humana, en una situación planetaria. Por supuesto, esto lo tuvo en mente el Dorje Dradül cuando salió de la India hace muchos años y vino a Occidente con esta sabiduría que sintió tenía que compartir y propagar. Ahora se dan a conocer estas enseñanzas, casi como el tiempo se hubiera encapsulado. Considero que, como shambhalianos, tenemos que profundizar en lo que tenemos. Tenemos un tesoro tremendo de enseñanzas, métodos y prácticas en las que hay que ahondar y, en el centro de todo ello, se trata de comprender quiénes somos por nuestras cualidades únicas.

Todos los linajes tienen algo que ofrecer. También nosotros podemos ofrecer algo en este momento concreto en que el mundo cada vez se encuentra más masificado, cada vez con más prisas, ansiedad e intensidad. En tales condiciones se tiende a ser menos compasivo, menos amable, más agresivo y más orgulloso y lo que tratamos es de ofrecer otra opción, señalando que, en un nivel básico, lo que ocurre es que los seres humanos no confían en su bondad fundamental inherente. Las enseñanzas subrayan este punto de vista; la práctica del ser guerrero nos muestra cómo ser fuertes y ver nuestra propia bondad, experimentar esa bondad y compartirla con los demás. En eso consisten las enseñanzas y creo que todos nosotros tenemos que comprender y sentir nuestra bondad, independientemente de lo que hagamos en la vida. Con muchos de vosotros he hablado de ser y manifestarse. En las enseñanzas Shambhala, realmente tenemos que revelarlo y tenemos que manifestarlo, lo que en tibetano se llama nguntu jur. Como shambhalianos, tenemos que ser guerreros amables, poderosos y gloriosos, en el sentido de celebración, que puedan seguir adelante. En eso consiste la senda de Shambhala en la que nos hemos comprometido: en hacerlo en la práctica, en la familia y en el trabajo, todo unido.

Este año hemos encargado una thangka del linaje , un mural o tapiz tibetano. Muchos habréis visto thangkas del Buda o Padmasambhava, las thangkas que se cuelgan en los centros Shambhala y en casa. Tenía la impresión de que se necesitaba una thangka del linaje Shambhala en el seminario y para el ngöndro, puesto que se trata de las enseñanzas que se practican dentro del contexto vajrayana. Quienes realizan prácticas avanzadas saben que, desde hace tiempo, quería este árbol y este año realmente se ha puesto en marcha. Cuando estuve en la India este invierno pasado ví el comienzo arquitectónico, el boceto dibujado del diseño general de la thangka, realizado por Ngodrup Rongae, cuyo padre fue un estudiante muy cercano al mío. Tanto el padre como el hijo son excelentes pintores de thangkas y Ngodrup ha trabajado intensamente en esta thangka, que resulta realmente enorme, de unos dos por tres metros o así. Le da la impresión de que es una de las obras culmen de su vida e invertirá alrededor de un año y medio de trabajo. Espero que haya terminado cuando termine mi retiro.

Quería que este proyecto se pusiera en marcha y me satisface mucho haberlo podido lanzar este año. Se trata de una representación visual de la paz y la fortaleza y muestra imágenes de las deidades meditadoras más importantes de Shambhala, como Shiwa Ökar y el Rigden. Retrata a los treinta dos rigdens: siete dharmarajas y veinticinco rigdens. En la imagen se ven las prácticas variadas de meditación, las deidades y los protectores. Me emocionó mucho sólo ver el boceto y la cualidad que poseía; me pareció que esta imagen es un retrato educativo muy importante de lo que somos, como comunidad, algo que el propio Dorje Dradül quería hace muchos años. Tengo la impresión de que esta thangka también es un símbolo de los tiempos que vivimos, del momento en que nos unimos para formar una sociedad. En el dibujo también están todos los socios de Shambhala, desde el Dorje Kasung hasta los monjes de Shambhala, padres e hijos y todos nosotros, practicando. Ofrece un dibujo de la sociedad, el reino y la familia en conjunto. De modo que el momento es muy propicio para terminar esta thangka y os animo, por supuesto, a que vayáis a verla. He pedido al presidente Reoch que organice una gira por todos los centros Shambhala para que la pueda ver todo el mundo, y no sólo ver la thangka sino practicar con ella.

En este momento concreto de transición y crecimiento quisiera pedir que el hecho de irme de retiro no sea señal de que todo se paraliza mientras estoy ausente. Quiero animar a todos los que tenéis un puesto de responsabilidad a que sigáis en vuestra tarea, desde profesores a instructores de meditación y a los equipos dirigentes en los Centros. Y a todos los que sois participantes, para que continuéis participando en todos los programas. Sé que este retiro es necesario, que ahora es un buen momento y que también es una ocasión para que la sangha, todos vosotros, mostréis dónde estamos y que podéis realmente continuar sin mí. Tengo la impresión de que no tengo que estar pendiente de todos los detalles que ocurran.

Por supuesto, irme de retiro no es irme de vacaciones, en un sentido muy básico sino que es la hora de la disciplina y la formación, y estoy deseando hacerlo. Espero que mi comprensión y formación resulten beneficiosas para todos vosotros de manera que continuéis lo que estáis haciendo. Como muchos de vosotros sabéis, especialmente al ir envejeciendo, un año pasa muy rápido y eso es algo que creo hasta yo mismo. En todo caso, nos encontramos en este momento concreto y me parece que es buen momento.

Os envío mi amor y mi afecto. Hasta por la noche sé que todos estáis practicando, comprometidos, y así lo noto. Me produce mucho aliento y calidez y me da potencia y fortaleza para navegar esto que llamamos vida. Como siempre, faltaría algo si no os animara a todos a practicar todos los días, aunque sea un poco, para intentar conectar con esa bondad y con el principio de la confianza y la fortaleza. Se trata, en gran medida, de que para no dejarse seducir por el pensamiento negativo y, para mantenerse positivo, hay que apoyarse en las cualidades buenas de cada uno, de manera que la idea de no caer en el negativismo es la idea del caballo de viento y de seguir adelante. Si hay algo que ha demostrado nuestro linaje es que todos estos obstáculos se pueden superar y que podemos lograr muchas cosas juntos.

Me gustaría terminar esta charla con una meditación guiada breve. Estéis donde estéis, si estáis sentados en un cojín, adoptad una buena postura, de cabeza y hombros. Enderezar el torso y los hombros permite desarrollar la energía, la salud inherente y la bondad, además de añadir vitalidad y animar a los dralas a reunirse.

Al practicar juntos en este día de la Cosecha de la paz, la paz no consiste simplemente en una actitud de desear y esperar lo mejor ni necesariamente una ausencia de guerra y conflicto. En este contexto la paz es creer en la bondad inherente de los seres y no rendirse ante nuestro objetivo. Para nosotros, shambhalianos, la idea de la paz es una visión a largo plazo, no se arreglan las cosas rápidamente. Una de las cosas más inmediatas y pragmáticas que podemos hacer es tocar con la propia mente y el propio corazón.
Mientras nos sentamos todos juntos en el mundo entero, vamos a sentir cómo nos sentimos durante un instante. La mente es una cosa maravillosa: triste y feliz, todos los sentimientos proceden de la mente. Cuando los sentimos, tenemos que intentar relajarnos. Al relajarnos podemos sentir la pureza inherente que poseemos y que nos da fuerza, amor y compasión. La meditación que hacemos no es escapismo sino realismo. Sólo los locos creen que pueden encontrar algo externo. Nos han enseñados a tener confianza y esto se alcanza al relajarse. Cuando los seres no confían en su propia naturaleza, se agitan y terminan culpando a los demás, lo que conduce a la venganza y la destrucción. Aunque destruyamos algo, al final sólo nos queda nuestra propia mente. Nos referimos a la paz como un trabajo, como diligencia hacia nuestro objetivo.

Muchas gracias. Espero que todo sea maravilloso. Ruego a quien encuentre obstáculos que, entonces, vuelva al dharma e intente practicar; que no abandone la senda. Espero que Shambhala vuelva a su verdadero origen: propagar la paz y vivir en paz. Espero que esto crezca. Y de nuevo, os envío a todos muchas bendiciones y mucho amor.
***
Traducido por el Comité de traducción Nalanda-España.
Septiembre 2009

Retiro en Línea con Sakyong Mipham Rinpoche y Pema Chödron (18 y 19 de Julio)

sakyongpemakhandroLos días 18 y 19 de julio se realizará un retiro en nuestro Centro de Meditación para recibir las enseñanzas de Sakyong Mipham Rinpoche y Gampo Acharya Pema Chodron, las que serán transmitidas en directo desde el Centro Shambhala de la Montaña (EEUU). Se trata de los dos primeros días correspondientes al Retiro de Verano que se realiza en dicho centro y cuyas enseñanzas serán puestas a disposición de toda la comunidad Shambhala.

El programa que hemos preparado para ambos días es el siguiente:

09:30 – 09:50        Cantos de apertura
09:50 – 12:00        Práctica de meditación
12:00 – 12:20        Pausa
12:20 – 14:00        Presentación y transmisión charla en vivo
14:00 – 15:00        Almuerzo compartido  (*)
15:00 – 17:30        Práctica de meditación

El retiro tiene un valor de $7.500 diarios y de $5.000 diarios para miembros con cuota al día. Para informaciones e inscripciones pueden contactarse con Daniela Crovetto, al 92250976 o a través del correo [email protected],  encargada de Prácticas y Eventos Especiales.

(*) El horario del almuerzo puede variar dependiendo de la duración de la charla. Les recomendamos traer el almuerzo preparado, para simplemente calentarlo.

Protegiendo la Tierra: Un llamado a la contemplación y acción sobre el cambio climático

El Sakyong ofrece “Protegiendo la Tierra” un llamado a la contemplación y acción acerca del cambio climático

Abr 20, 2009

El Sakyong ofrece estas enseñanzas para apoyar el día de la Tierra, este miércoles 22 de abril y al Grupo Tocando la Tierra del Consejo del Sakyong.

Protegiendo la Tierra

Un llamado a la contemplación y acción sobre el cambio climático

Nuestro precioso planeta y sus innumerables seres que moran en él enfrentan una crisis sin precedentes. La amenaza creciente al medio ambiente y el clima emana de un profundo predicamento que afecta toda la humanidad. Estamos perdiendo rápidamente nuestra conexión con la naturaleza sagrada de nuestro mundo. Esta tragedia nos afecta de muchas maneras, pero en su esencia, es una crisis del espíritu. Estamos dañando nuestro planeta y sus seres porque estamos perdiendo la conexión con la bondad fundamental de nuestro propio ser sagrado.

Esta desconexión con nuestra bondad fundamental primordial es amplificada por capacidades tecnológicas e industriales sin paralelo, crecimiento dramático de la población y las grandes inequidades que presenciamos en todos los rincones de nuestro mundo

Desastrosa como es, aun es posible cambiar el curso de esta situación. La tierra nos esta llamando para protegerla y volver a la sanidad básica. Debemos prestar atención a este llamado adoptando una actitud de profundo respeto por nuestro medio ambiente y que preserve nuestros recursos amenazados.

Podemos sacar provecho de los métodos tradicionales y de los avances tecnológicos para vivir en armonía con la inteligencia fundamental de la naturaleza. Pero esta crisis global no puede ser transformada en una nueva manera de vivir, si descansamos en las mismas costumbres y hábitos que nos han llevado a este terrorífico borde. Hacer eso, solamente aumentaría, a pesar de nuestras intenciones, la degradación y desigualdades existentes.

Esta emergencia llama por una completa transformación en la manera en como vivimos, una transformación de nuestras actitudes esenciales, nuestro acercamiento a la sociedad humana y nuestra relación con el planeta Tierra y todos sus habitantes. Mi padre, Chögyam Trungpa Rimpoche, el gran maestro de meditación tibetano y fundador de Shambhala, previó este punto de quiebre en la historia de la humanidad. Sus palabras no podrían ser mas ciertas: “Cuando los seres humanos pierden su conexión con la naturaleza, cielo y tierra, entonces no saben como alimentar su medio ambiente o como gobernar su mundo…sanar nuestra sociedad va de la mano con sanar nuestra conexión personal y elemental con el mundo fenoménico.”

En la tradición Shambhala se dice que es precisamente en épocas oscuras como esta que la sabiduría inherente del universo se hace sentir. Ahora es el momento para recurrir a la inspiración de las tradiciones de la sabiduría humana. Todo nos recuerda de la sacralidad de la individualidad de la vida, la interdependencia de todos los seres, y las inexorables leyes de causa y efecto. Estas enseñanzas no podrían ser más relevantes a nuestro compromiso colectivo: la creación de sociedades iluminadas y sustentables.

Estoy complacido de que en el mundo Budista, exista una creciente y profunda reflexión en como la sabiduría de esta tradición puede iluminar esta meta común. Ahora es el momento para nosotros de aprovechar el poder disponible en nuestras diversas disciplinas, culturas y sociedades para cultivar la dignidad, confianza y valentía necesaria para proteger nuestra tierra. Haciendo esto, podemos ayudar a reconectar toda la humanidad con su bondad fundamental primordial, transformar nuestra relación con el mundo sagrado, estar inspirado hacia tomar opciones sensatas, un liderazgo compasivo y un activismo sabio.

El Sakyong, Jamgon Mipham Rinpoche
Halifax
19 de Abril de 2009

(Este anuncio fue originado en Shambhala News Service)

Retiro del Sakyong y los acharyas en el valle Kalapa

El Sakyong y los acharyas de Shambhala hicieron una semana de retiro el mes pasado en el valle Kalapa (Cabo Bretón, Nueva Escocia, Canadá). El valle Kalapa es un parque sagrado y lugar de peregrinación de Shambhala.

El Sakyong dió instrucciones a los acharyas sobre la primera parte de la práctica del retiro del Sello del Escorpión. El retiro del Sello del Escorpión es el fruto de la práctica de la sadhana de Werma, que realizan los estudiantes vajrayana después del abhisheka del Rigden.

A lo largo del próximo verano y otoño, el Sakyong ofrecerá esas enseñanzas a los estudiantes vajrayana cualificados en asambleas del Sello del Escorpión en los cuatro principales centros rurales de práctica. En breve se darán a conocer los requisitos y formularios para asistir a esas asambleas.

Para más detalles sobre el valle Kalapa y el lugar que ocupa en el mandala, pincha aquí.

Veintiséis de los treinta acharyas asistieron al retiro. Para más información sobre los acharyas de Shambhala, pincha aquí.

Por el Servicio de noticias Shambhala

Mensaje al Mandala Shambhala

Este es un tiempo muy difícil. Los trastornos en el mundo financiero están causando una angustia generalizada, tal como son los miedos al cambio climático, intensificados con la polarización política y la creciente agresión. Es lo que en las enseñanzas Shambhala llamamos una era oscura. Experimentamos la oscuridad como confusión, falta de alegría, y falta de propósito.

Fue para tiempos como estos que el Buddha le entregó a Dawa Sango, el primer soberano de Shambhala,  las enseñanzas sobre sociedad iluminada. En la actualidad, la verdad de esas enseñanzas es muy evidente. Para que una sociedad sea verdaderamente armoniosa, ésta no puede basarse en la codicia y la ira. Cuando comprendemos esto, vemos que lo que sucede alrededor nuestro es provocado, literalmente, por la ausencia de la visión Shambhala.

Ennoblecer nuestras mentes e incrementar nuestra energía vital comienza con esa visión. Así es que les estoy pidiendo a todos ustedes, como ciudadanos de Shambhala, que se pongan de pié para este momento.

Primero, lleven estas preciosas enseñanzas al corazón y practíquenlas. Eso incluye meditar por un corto período de tiempo cada día para estabilizar sus mentes y generar compasión. Contemplen su inquebrantable conexión kármica con el linaje Shambhala y reflexionen sobre sus naturalezas como el profundo, brillante Rigden.
 
Segundo, vean el miedo por lo que realmente es: una falta de confianza en su ser genuino, que de manera natural irradia compasión y amabilidad. Lleven esta visión a lo que es más importante en esta vida y las vidas futuras: hacerse más fuertes y más realizados para poder ayudar a los otros. Cuídense, pero no se escondan tras la falsa seguridad de la auto protección. Desde la base de la bondad fundamental, abran sus corazones y sirvan a los demás.

Tercero, sean generosos. Este no es el momento para cerrarse o aferrarse, sino que para ofrecer desde el manantial de la generosidad. Sean generosos con aquellos que aman, pero también con aquellos con los cuales tienden a culpar o les desagradan. Sean generosos también dentro del mandala, que necesita de su apoyo más que nunca para proclamar la gloria de Shambhala.

Practicar, servir y dar: este es el camino del guerrero bodhisattva. Es trascendental y directo. Cuando orientamos nuestras mentes en esa dirección, creamos un ambiente sustentable. La riqueza que genera es inagotable.

Los amo y estoy con ustedes mientras recorremos juntos este dorado camino.

 El Sakyong, Jamgön Mipham Rinpoche

¿Qué es la meditación?

La meditación se basa en la premisa de que el estado natural de la mente es tranquilo y claro. Proporciona una forma de entrenar la mente para asentarla en este estado. La primera razón para meditar puede ser que queremos liberarnos un poco de la mente agitada que tenemos. Queremos descubrir la bondad fundamental de nuestra mente.

Para hacerlo el primer requisito es ralentizar y experimentar la mente tal como es. A través de este proceso, empezamos a saber cómo funciona la mente. Vemos que dondequiera que la mente se fije (en la ira, en el deseo, en la envidia o en la paz) ahí también moramos nosotros. Empezamos a ver que podemos elegir en esta cuestión: no tenemos que actuar al ritmo de cada pensamiento. Podemos morar pacíficamente. La meditación es una manera de ralentizar y ver cómo funciona nuestra mente.

La mente sin entrenar es débil e inflexible. Vive en una zona cómoda. Cuando se intenta variar el límite de esa zona, reacciona convirténdose en más rígida. En cambio, la mente entrenada es fuerte, flexible, y trabajable. Como puede ir más allá de la zona cómoda, suele responder, no reaccionar ante los retos. A través de la práctica de meditación de shamatha (morada pacífica), podemos entrenar la mente para que sea flexible y esté sintonizada con lo que ocurre ahora. Podemos aplicar este aspecto trabajable de la mente a todos los aspectos de la vida, incluido nuestro trabajo, nuestras relaciones y nuestra senda espiritual. De modo que otra razón para meditar consiste en desarrollar una mente fuerte y sutil con la que podamos trabajar.

Es fácil asociar meditación y espiritualidad porque cuando experimentamos un momento de ese morar pacíficamente, parece que alcanzamos más. La mente ya no fluctúa, pensando en un millón de cosas. Sale el sol o nos llega una brisa maravillosa, y de pronto sentimos la brisa y estamos completamente sintonizados. Pensamos “¡esto es una verdadera experiencia espiritual! ¡Es una experiencia religiosa! Merece un poema, por lo menos, o escribir una carta a mi casa”. Y todo lo que está pasando es que durante un instante estamos sintonizados con la mente. Nuestra mente está presente y es armónica. Antes, estábamos tan ocupados y asombrados que ni siquiera notábamos la brisa. Nuestra mente ni siquiera estaba lo suficientemente quieta como para ver la salida del del sol, que tarde dos minutos y medio. Ahora podemos mantenerla el tiempo suficiente para reconocer y valorar lo que nos rodea. Ahora estamos aquí realmente. Esto no tiene nada que ver con la religión ni con una senda espiritual. Tiene todo que ver con ser simplemente humano.