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La Práctica de Tonglen (por Pema Chödron)

Para tener compasión por otros, tenemos que poder tener compasión por nosotros mismos.

En particular, ocuparse de otras personas que tienen miedo, están enojadas, celosas, superadas por adicciones de todo tipo, son arrogantes, orgullosas, quejosas, egoístas, significa – usted lo identifica-  tener compasión y cuidar de estas personas, no huir del dolor de encontrar estas cosas en nosotros mismos.

De hecho, la propia actitud hacia el dolor puede cambiar. En lugar de defenderse y esconderse de él, se puede abrir el propio corazón y permitirse sentir ese dolor, sentirlo como algo que nos suavizará y purificará y nos hará mucho más amorosos y amables.

La práctica de Tonglen es un método para conectarse con el sufrimiento -el nuestro y el de todo lo que nos rodea- dondequiera que vayamos. Es un método para superar el miedo al sufrimiento y para disolver la dureza de nuestro corazón. Principalmente es un método para despertar la compasión que es inherente a todos nosotros, sin importar cuán cruel o fríos podamos parecer.

Comenzamos la práctica aceptando el sufrimiento de una persona que sabemos que está sufriendo y a quién deseamos ayudar. Por ejemplo, si usted sabe de un niño que está siendo lastimado, usted inspira el deseo de retirar todo el dolor y miedo de ese niño. Luego, mientras espira, usted le envía felicidad, gozo o aquello que alivie su dolor. Este es el centro de la práctica: inspirar  el dolor de otros para que puedan estar bien y tener más espacio para relajarse y abrirse, y espirar, enviándoles relajación o aquello que usted sienta que les traería alivio y felicidad. Sin embargo, a menudo no podemos hacer esta práctica porque nos enfrentamos con nuestro propio miedo, nuestra propia resistencia, enojo, o cualesquiera sean nuestro sufrimiento o estancamiento personal en ese momento.

Es ahí que usted puede cambiar el foco y comenzar a efectuar tonglen por aquello que usted está sintiendo y por millones de otros como usted que en ese mismo momento están sintiendo exactamente el mismo estancamiento  y miseria. Puede ser que usted sea capaz de identificar claramente su dolor como terror, repulsión, enojo o deseo de venganza. Asi que usted inspira por todos aquellos que están atrapados en esa misma emoción y les envía alivio o aquello que abra espacio para usted y los innumerables otros. Puede ser que usted no identifique lo que esté sintiendo. Pero puede sentirlo – una dureza en el estómago, una oscuridad pesada, o lo que sea. Sólo contáctese con lo que está sintiendo e inspírelo, llévelo adentro – por todos nosotros y envíe alivio a todos nosotros.

La gente frecuentemente dice que esta práctica va en contra de la naturaleza de cómo  nos fortalecemos  usualmente.  En verdad, esta práctica va en contra de las cosas que queremos según nuestro código, de querer que funcionen para nosotros sin importar qué suceda a los otros. Esta práctica disuelve la armadura de la propia protección que tan fuertemente hemos creado alrededor nuestro. En lenguaje Budista uno diría que disuelve la fijación y adhesión al ego.

El Tonglen revierte la lógica usual de evitar el sufrimiento  y buscar el placer y en el proceso, nos liberamos de una prisión muy antigua de egoísmo. Comenzamos a sentir amor por nosotros mismos y otros y también comenzamos a ocuparnos de nosotros y otros. Despierta nuestra compasión y también nos introduce a una visión más amplia de la realidad. Nos introduce al espacio ilimitado que los Budistas llaman Shunyata. Al hacer la práctica nos comenzamos a conectar con la dimensión abierta de nuestro ser. Al principio experimentamos ésto como que las cosas no son tan importantes o tan sólidas como antes lo parecían ser.

La práctica de Tonglen puede ser efectuada para aquellos que están enfermos, para quienes están muriendo, o acaban de morir, o para aquellos que tienen un dolor de cualquier tipo. Puede realizarse como una práctica de meditación formal o súbitamente en cualquier momento. Por ejemplo, si usted está caminando y ve a alguien que sufre – inmediatamente usted puede comenzar a inspirar el dolor del otro y enviarle algún alivio. O, más probable, usted podría ver a alguien que sufre y mirar hacia otro lado porque éso actualiza su propio miedo o enojo; actualiza su resistencia y confusión.

Así es que inmediatamente usted puede efectuar tonglen para toda la gente que son como usted, para todos los que desean ser compasivos pero en cambio tienen miedo, para todos los que desean ser valientes pero en cambio son cobardes.

En lugar de castigarse a usted mismo, use su propio estancamiento como un peldaño para comprender aquello que la gente rechaza en todo el mundo.

Inspire por todos nosotros y espire por todos nosotros.

Use lo que parece veneno como medicina. Use su propio sufrimiento personal como camino de compasión hacia todos los seres.

Traducción del inglés: Mabel Sara Benedini

THE PRACTICE OF TONGLEN

In order to have compassion for others, we have to have compassion for ourselves.

In particular, to care about other people who are fearful, angry, jealous, overpowered by addictions of all kinds, arrogant, proud, miserly, selfish, mean —you name it— to have compassion and to care for these people, means not to run from the pain of finding these things in ourselves. In fact, one’s whole attitude toward pain can change. Instead of fending it off and hiding from it, one could open one’s heart and allow oneself to feel that pain, feel it as something that will soften and purify us and make us far more loving and kind.

The tonglen practice is a method for connecting with suffering —ours and that which is all around us— everywhere we go. It is a method for overcoming fear of suffering and for dissolving the tightness of our heart. Primarily it is a method for awakening the compassion that is inherent in all of us, no matter how cruel or cold we might seem
to be.

We begin the practice by taking on the suffering of a person we know to be hurting and who we wish to help. For instance, if you know of a child who is being hurt, you breathe in the wish to take away all the pain and fear of that child. Then, as you breathe out, you send the child happiness, joy or whatever would relieve their pain. This is the core of the practice: breathing in other’s pain so they can be well and have more space to relax and open, and breathing out, sending them relaxation or whatever you feel would bring them relief and happiness. However, we often cannot do this practice because we come face to face with our own fear, our own resistance, anger, or whatever our personal pain, our personal stuckness happens to be at that moment.

At that point you can change the focus and begin to do tonglen for what you are feeling and for millions of others just like you who at that very moment of time are feeling exactly the same stuckness and misery. Maybe you are able to name your pain. You recognize it clearly as terror or revulsion or anger or wanting to get revenge. So you breathe in for all the people who are caught with that same emotion and you send out relief or whatever opens up the space for yourself and all those countless others. Maybe you can’t name what you’re feeling. But you can feel it —a tightness in the stomach, a heavy darkness or whatever. Just contact what you are feeling and breathe in, take it in —for all of us and send out relief to all of us.

People often say that this practice goes against the grain of how we usually hold ourselves together. Truthfully, this practice does go against the grain of wanting things on our own terms, of wanting it to work out for ourselves no matter what happens to the others. The practice dissolves the armor of self-protection we’ve tried so hard to create around ourselves. In Buddhist language one would say that it dissolves the fixation and clinging of ego.

Tonglen reverses the usual logic of avoiding suffering and seeking pleasure and, in the process, we become liberated from a very ancient prison of selfishness. We begin to feel love both for ourselves and others and also we being to take care of ourselves and others. It awakens our compassion and it also introduces us to a far larger view of reality. It introduces us to the unlimited spaciousness that Buddhists call shunyata. By doing the practice, we begin to connect with the open dimension of our being. At first we experience this as things not being such a big deal or so solid as they seemed before.

Tonglen can be done for those who are ill, those who are dying or have just died, or for those that are in pain of any kind. It can be done either as a formal meditation practice or right on the spot at any time. For example, if you are out walking and you see someone in pain —right on the spot you can begin to breathe in their pain and send some out some relief. Or, more likely, you might see someone in pain and look away because it brings up your fear or anger; it brings up your resistance and confusion.

So on the spot you can do tonglen for all the people who are just like you, for everyone who wishes to be compassionate but instead is afraid, for everyone who wishes to be brave but instead is a coward.

Rather than beating yourself up, use your own stuckness as a stepping stone to understanding what people are up against all over the world.

Breathe in for all of us and breathe out for all of us.

Use what seems like poison as medicine. Use your personal suffering as the path to compassion for all beings.

¿Cuanto Puedo Tolerar? (por Pema Chödron)

Pregunta: ¿Podrías hablar un poco sobre cuando uno siente “bodhicitta” por alguien que esta muriendo, pero uno se siente abrumado por que hay una historia larga de una relación muy hiriente?

Pema: Como un abusador, por ejemplo.

Preguntador: Si, y he estado trabajando con esto, tratando de…Alguien me dijo este fin de semana que estaba preocupado porque quería ser un “bodhisattva” así es que sentía que tenia que ir con esto.  Pero me dolería ir allí, a visitar.  Pero, me confundo, porque debo de ir a los sitios que me asustan. [Pema: Deberias….](Risa).  Y lo que esta persona me dijo fue que un bodhisattva no hace daño y si hicieras daño a ti mismo no debieras… (Trato de no usar esa palabra “D”).

Pero es muy cargado porque esta muriéndose, y se siente mas real porque se esta muriendo.  Así es que quisiera que UD. Hablara un poco sobre esto.  Se trata de límites, pero no solamente es de límites.  Me es muy doloroso querer ir y hacer eso y a la vez no poderlo hacer y no saber como trabajar con eso.

Pema: Me parece que tenemos que saber cuanto podemos tolerar.  No siempre lo sabemos, y cometemos errores, sabes.  Yo he cometido muchos errores.

Recuerdo un viejo indio, que creo que era iluminado, que se llamaba “Little Joe Gomez” (el pequeño Joe Gomez).  Y una vez se sonrió conmigo y me dijo,”Cometo errores cada día de mi vida, y cada día aprendo algo nuevo”.  Es una cosa tan bonita de decir.  Porque al tratar de averiguar cuanto podemos tratar y cuanto podemos tolerar, en este momento preciso, cometemos errores; no vamos cuando luego quisiéramos haber ido; o vamos y entonces nos damos cuenta que es un error.

Así es que de alguna manera tenemos que trabajar desde el corazón, desde la intuición y no de la cabeza.  Y si tus entrañas dicen que vayas, tú vas.  Y si tus entrañas dicen que te quedes, te quedas.  Y si vas y es un error, no importa.  Y si te quedas y tu…creo que si te quedas, entonces—eso era otra enseñaza de Don Juan, el dijo, haz una decisión, y entonces vas por ese camino y nunca miras para el otro comino.  Así es que se vas, quizás sabrás que es un error.   Si te quedas, no te arrepientas de tu selección.

Pero lo que también he hecho en situaciones como esa es que trabajo con la situación a la distancia.   Trabajo todo el tiempo manteniéndolos en el corazón.  Y trabajo donde me encuentro cerrada y donde abro, a la distancia, y no voy realmente a la situación porque es demasiado para mi en este momento.

La verdadera pregunta es: ¿Dónde fluye más la compasión?  ¿Fluiría la compasión más si voy allí, o será bloqueado por la presencia física? O fluiría mas la compasión se me quedo en casa?  Porque en alguna forma, si tu corazón esta con ellos, no importa si esta allí físicamente o no.   Y eso es verdad después que alguien muere.  Si verdaderamente estas con ellos, estas con ellos.   La gente puede sentir esa clase de cosa, particularmente cuando se están muriendo.

Así es que no tengo mejor respuesta que esa, creo.

Sin Evasión, Sin Problemas (por Pema Chödron)

Ya tenemos todo lo que necesitamos, así que no hay necesidad de superarse. Todas esas películas que nos acabamos creyendo —el miedo terrible a que somos malos y la esperanza de que somos buenos, las identidades a las que nos aferramos con tanto cariño, la rabia, los celos y las adicciones de todo tipo— nunca afectan nuestra riqueza fundamental. Son como nubes que temporalmente ocultan el sol, pero nuestro brillo y calidez están ya aquí mismo. Somos realmente así y solo nos separa un pestañeo del estado completamente despierto.

Vernos de esta manera es muy diferente de lo habitual. Desde esta perspectiva no necesitamos cambiar, pues podemos sentirnos tan desgraciados como queramos y seguiremos siendo, con todo, buenos candidatos para la iluminación, el despertar espiritual. Podemos sentirnos como la mayor piltrafa del mundo, pero esa sensación es nuestra riqueza, y no algo de lo que tengamos que deshacernos o que tengamos que superar. Todo ese material maloliente que tanto nos disgusta y desagrada profundamente tiene su parte de riqueza. Las cosas agradables —lo que nos encanta de nosotros mismos, lo que nos hace sentir cierto orgullo o inspiración — forman parte también de nuestra riqueza.

Con las prácticas que se presentan en este libro, podemos empezar exactamente donde estamos. Si alguien se siente enfadado, incapaz y necesitado, o deprimido, las prácticas que aquí se describen fueron pensadas para él, porque le alentarán a usar todas las cosas no deseadas de la vida como medios para despertar la compasión por sí mismo y por los demás. Estas prácticas nos muestran cómo aceptarnos, cómo relacionarnos directamente con el sufrimiento, cómo dejar de evadirnos de los aspectos dolorosos de nuestras vidas. Nos muestran cómo trabajar de corazón con la vida tal y como es.

Cuado escuchamos hablar acerca de la compasión, nos viene naturalmente a la mente trabajar con los demás, atender sus necesidades. La razón por la que a menudo no estamos disponibles para los demás —tanto si se trata de nuestro hijo, nuestra madre, alguien que nos insulta o alguien que nos da miedo— es que no estamos disponibles para nosotros mismos. Hay aspectos de nosotros mismos que nos resultan tan detestables que siempre que empiezan a aparecer nos evadimos.

Como nos evadimos, seguimos perdiendo la oportunidad de estar presente, de estar aquí y ahora. Nos seguimos perdiendo el momento en el que estamos. Pero cuando somos capaces de sentir el momento en el que estamos, descubrimos que es único, precioso y totalmente nuevo; nunca se repite. Uno puede apreciar y celebrar cada momento. No hay nada más sagrado, no hay nada más inmenso o absoluto. De hecho, ¡no hay nada más!

Solo en la medida en que hemos llegado a conocer nuestro propio dolor, solo en la medida en que nos hemos relacionado con él, seremos lo suficientemente valientes, intrépidos y guerreros como para estar dispuestos a sentir el dolor ajeno. En esa misma medida seremos capaces de tomar el dolor ajeno porque habremos descubierto que su dolor y el nuestro no son diferentes.

Sin embargo, para hacerlo, necesitamos toda la ayuda de que podamos disponer. Espero que este libro proporcione esa ayuda. Las herramientas que se ofrecerán son tres prácticas de apoyo:

  • La meditación sentada básica llamada meditación shámatha-vipáshyana.
  • La práctica de tomar y dar llamada tonglen.
  • La práctica de trabajar las máximas llamada los siete puntos del entrenamiento mental, o lojong.

Todas estas prácticas despiertan la confianza en que la sabiduría y la compasión que necesitamos ya están dentro de nosotros. Nos ayudan a conocernos: nuestras asperezas y nuestras suavidades, nuestra pasión, agresión, ignorancia y sabiduría. El motivo de que la gente haga daño a otra gente, la razón por la que el planeta está contaminado y a las personas y a los animales no les vaya tan bien hoy en día, es que las personas no se conocen ni se aman lo suficiente, no confían en sí mismas. La técnica de meditación sentada llamada shámatha-vipáshyana —”tranquilidad-lucidez”— es como una llave dorada que nos ayuda a conocernos.

LA MEDITACIÓN SHÁMATHA-VIPÁSHYANA

En la meditación shámatha-vipáshyana, nos sentamos derechos con las piernas cruzadas, los ojos abiertos y las manos reposando sobre los muslos. Después simplemente tomamos conciencia de nuestra exhalación. Se requiere precisión para estar presente con la exhalación. Por otro lado, es algo extremadamente relajado y suave. Decir “toma consciencia de la exhalación” es lo mismo que decir “permanece totalmente presente”, “permanece aquí y ahora con cualquier cosa que esté pasando”. Al estar conscientes de la exhalación, podemos también estar conscientes de otras cosas que ocurren, como los sonidos de la calle o la luz reflejada en las paredes. Estas cosas pueden atraer nuestra atención ligeramente, pero no necesariamente sacarnos de lo que estamos haciendo. Podemos seguir sentados aquí mismo, conscientes de la exhalación.

Sin embargo, estar con la respiración es solo una parte de la técnica. La otra parte son esos pensamientos que atraviesan continuamente nuestra mente, pues estamos ahí sentados hablándonos a nosotros mismos. La instrucción dice que cuando nos damos cuenta de que hemos estado pensando, lo rotulamos “pensamientos”. Es decir, cuando nuestra mente divaga, nos decimos a nosotros mismos “pensamientos”. Tanto si nuestros pensamientos son violentos, como si son apasionados o llenos de ignorancia y rechazo, tanto si los pensamientos son de preocupación y temor, como si son pensamientos espirituales, pensamientos gratificantes sobre lo bien que lo estamos haciendo, pensamientos reconfortantes o pensamientos que nos levantan el ánimo, sean cuales sean nuestros pensamientos, sin juicio ni severidad algunos, simplemente los rotulamos todos como “pensamientos”; y lo hacemos con honestidad y cariño.

La percepción de la respiración es ligera, pues solo un veinticinco por ciento de la atención está en ella. No nos aferramos a ella ni nos obsesionamos con ella. Nos estamos abriendo y permitiendo que el aliento se mezcle con el espacio de la habitación, dejando simplemente que el aliento salga al espacio. Después ocurre algo así como una pausa, una interrupción, hasta que se produce la siguiente exhalación. Mientras inspiramos puede haber una sensación de simple apertura y espera. Es como tocar el timbre de la puerta y esperar a que alguien responda. Después tocamos el timbre de nuevo y esperamos a que alguien responda. Tras lo cual es probable que la mente divague y que reconozcamos que estamos pensando otra vez, en ese momento se usa la técnica del rotulado.

Es importante ser fiel a la técnica. Si uno percibe que su rotulado tiene un tono áspero, negativo, como si estuviera diciendo “¡mierda!”, eso indica que se está mortificando. Entonces ha de rotular de nuevo y relajarse. No se trata de intentar abatir los pensamientos como si del tiro al plato se tratase. En su lugar, seamos cariñosos y usemos la parte de rotulado de la técnica para cultivar suavidad y compasión por nosotros mismos. Todo lo que surja en el ruedo de la meditación está bien. De lo que se trata es de verlo con honestidad y entablar amistad con ello.

Aunque nos avergüence y nos duela, dejar de escondernos de nosotros mismos nos sana, pues es curativo conocer todas nuestras artimañas, nuestros escondrijos y todas las maneras en que nos paralizamos, rechazamos, cerramos a cal y canto, criticamos a los demás y todas nuestras rarezas. Podemos reconocer todo eso con cierto sentido del humor y bondad. Conociéndonos a nosotros mismos, llegamos a conocer la condición humana en general. Todos nos enfrentamos a estas cosas. Todos estamos en el mismo barco. De modo que, cuando nos percatemos de que estamos hablando con nosotros mismos, etiquetémoslo “pensamientos” y démonos cuenta de nuestro tono de voz. Dejemos que este sea compasivo, cariñoso y lleno de humor. Estaremos entonces cambiando viejas tendencias estancadas que compartimos con toda la raza humana. La compasión por los demás comienza con la bondad hacia sí mismo.

LA PRÁCTICA DE LOJONG

La médula de este libro es la práctica y las enseñanzas de lojong. La práctica de lojong —o “entrenamiento mental”— consta de dos elementos: la práctica, que es la meditación tonglen, y la enseñanza, que viene en forma de máximas.

La idea fundamental del lojong es que podemos hacernos amigos de lo que rechazamos, de lo que vemos como “malo” en nosotros mismos y en los demás. Al mismo tiempo, podemos empezar a ser generosos con lo que valoramos, lo que vemos como “bueno”. Si empezamos a vivir de esta manera, algo en nosotros que puede haber estado oculto durante mucho tiempo empieza a manifestarse. Tradicionalmente, este “algo” se llama bodhichitta, o “corazón despierto”. Es algo que, aunque ya lo tenemos, por lo general no lo hemos descubierto todavía.

Es como si fuéramos pobres y estuviéramos sin hogar, hambrientos y pasando frío y, sin saberlo, justo bajo el suelo donde dormimos cada noche hubiera un caldero de oro. Ese oro es como el bodhichitta. Nuestra confusión y padecimiento tienen su origen en el desconocimiento de que el oro ya está aquí, y en el hecho de que siempre lo estamos buscando en otro lugar. Cuando hablamos acerca de la alegría, de la iluminación, del despertar o de despertar el bodhichitta, todo eso quiere decir que sabemos que el oro está aquí, y nos damos cuenta de que siempre ha sido así.

El mensaje fundamental de las enseñanzas del lojong es que, cuando hay dolor, podemos aprender a no perder las riendas y acercarnos a ese dolor. Podemos invertir la tendencia habitual que consiste en partir, en evadirse. Vayamos a contrapelo y no perdamos las riendas. El lojong nos presenta una actitud diferente hacia lo no deseado: si es doloroso, estamos dispuestos no solo a soportarlo, sino también a permitir que nos despierte el corazón y nos ablande. Aprendemos a abrazarlo.

Cuando una experiencia es agradable o placentera, normalmente queremos atraparla y prolongarla; tememos que llegue a su fin y no nos apetece compartirla. Sin embargo, cuando disfrutamos de lo que estamos experimentando, las enseñanzas del lojong nos animan a pensar en los demás y a desear que lo disfruten también. Compartamos la riqueza; seamos generosos con nuestra alegría; demos lo que más queremos. Compartamos nuestros descubrimientos y lo que nos produce placer. En lugar de temer que se nos escapen y aferrarnos a ellos, compartámoslos.

Mediante la práctica de lojong llegamos a percibir cómo permitir que nuestra experiencia, tanto si es dolorosa como placentera, sea como es sin intentar manipularla, apartarla o aferrarse a ella. Los aspectos placenteros y los aspectos dolorosos de la experiencia humana se convierten en la clave para despertar el bodhichitta.

Hay un dicho que es el principio subyacente de la práctica de tonglen y del trabajo con las máximas: Ganancia y victoria para los demás, pérdida y derrota para mí. La palabra tibetana para orgullo o arrogancia es nga-gyal, que se traduce literalmente como “yo-victorioso”. Yo en primer lugar; ego. Esa clase de “yo-victorioso” es la causa de todo sufrimiento.

Lo que viene a decir este pequeño dicho es, en esencia, que palabras como “victoria” y “derrota” están totalmente entretejidas con la manera en que nos protegemos, en que custodiamos nuestros corazones. Nuestra sensación de victoria significa simplemente que hemos custodiado nuestro corazón lo suficiente como para que nada pueda tocarlo, y entonces pensamos que hemos ganado la guerra. La armadura que rodea nuestro punto débil, nuestro corazón herido, está ahora más fortificada y nuestro mundo se ha empequeñecido. Es posible que nada nos llegue a asustar durante toda una semana, pero nuestro valor se debilita y nuestro sentimiento de cariño hacia los demás se está apagando completamente. ¿Hemos ganado realmente la guerra?

Por otro lado, nuestra sensación de derrota indica que algo nos llegó. Algo tocó nuestro punto débil, esta vulnerabilidad que hemos mantenido blindada desde hace siglos. Quizá fue solo el contacto de una mariposa, pero nunca antes nos habían tocado ahí. Fue tan tierno. Como nunca habíamos sentido esto, salimos ahora a comprar candados, una armadura y pistolas para no sentirlo otra vez. Nos vale cualquier cosa: siete pares de botas que encajan unas dentro de otras para que no tengamos que sentir el terreno, doce máscaras para que nadie pueda ver nuestra verdadera cara, diecinueve armaduras completas para que nada pueda tocar nuestra piel, y menos aún nuestro corazón.

Estas palabras, “derrota” y “victoria”, tienen mucho que ver con la manera en que permanecemos encadenados. No saber que poseemos una riqueza ilimitada es la causa real de la confusión, y la confusión se agudiza cada vez que nos creemos esta lógica de que si me tocas, he perdido, y si me las arreglo para acorazarme y no ser tocado, he ganado.

Darnos cuenta de nuestra riqueza acabaría con nuestro desconcierto y confusión. Pero la única manera de hacerlo es dejar que las cosas se desmoronen, y eso es precisamente lo que más nos horroriza, es el colmo de la derrota. Y, sin embargo, dejar que las cosas se desmoronen es lo que dejaría entrar el aire fresco en este viejo y decaído sótano que es el corazón que tenemos.

Decir “pérdida y derrota para mí” no significa convertirse en masoquista: “Patéame la cabeza, tortúrame y, querido Dios, que nunca sea yo feliz”. Lo que significa es que podemos abrir nuestro corazón y mente y conocer qué se siente en la derrota.

Sientes que eres demasiado baja, tienes indigestión y te ves gordita y muy estúpida. Te dices a ti misma: “Nadie me quiere, siempre me dejan sola. No tengo dientes, mi pelo está llenándose de canas y mi piel de manchas. Estoy sollozando”. Todo ello encaja dentro de la derrota, la derrota del ego. Siempre estamos queriendo ser quienes no somos. Sin embargo, no podremos conectar nunca con nuestra riqueza fundamental mientras sigamos tragándonos ese despliegue publicitario que nos dice que tenemos que ser otra persona, que tenemos que oler diferente o tener un aspecto distinto.

Por otro lado, cuando decimos “la victoria para los demás”, en vez de querer mantenerla, estamos compartiendo los aspectos agradables de nuestra vida. De hecho, has perdido algo de peso. En realidad te gusta mirarte en el espejo. De pronto sientes que tienes una voz agradable. Alguien se enamora de ti o tú te enamoras de alguien. O quizá cambia la estación del año y eso te conmueve, comienzas a darte cuenta de la nieve o de la manera en que se mecen los árboles con el viento. Con cualquier cosa que deseemos, comenzamos a sentir que queremos compartirla, en vez de tacañería o temor a perderla.

Es posible que las máximas supongan un desafío para nosotros. Dicen cosas como No seas envidioso y uno se pregunta cómo es que lo saben; o bien Sé agradecido con todos y uno se pregunta cómo hacerlo o por qué molestarse. Algunas máximas, tales como Medita siempre en aquello que provoca resentimiento, nos exhortan a trascender el sentido común. Estas máximas no siempre son el tipo de cosas que uno desearía escuchar, pero si las trabajamos se convertirán en nuestra respiración, nuestra visión, nuestro primer pensamiento. Se convertirán en los olores que olemos y en los sonidos que escuchamos. Podemos dejar que impregnen todo nuestro ser. De eso se trata. Estas máximas no son teóricas ni abstractas. Se refieren exactamente a lo que somos y a lo que nos está pasando. Son totalmente relevantes en lo concerniente a la manera en que experimentamos las cosas y en que nos relacionamos con lo que ocurre en nuestras vidas. Se refieren a nuestra relación con el dolor, el miedo, el placer y la alegría, así como a la manera en que esas cosas pueden transformarnos totalmente, de pies a cabeza. Cuando trabajamos las máximas, la vida cotidiana se convierte en la senda del despertar.

Extraido de “Empieza Donde Estas”
Publicado por Editorial Imagina.
Traducido por Traducción de Alfonso Taboada y Magali Meneses.

Retiro en Línea con Sakyong Mipham Rinpoche y Pema Chödron (18 y 19 de Julio)

sakyongpemakhandroLos días 18 y 19 de julio se realizará un retiro en nuestro Centro de Meditación para recibir las enseñanzas de Sakyong Mipham Rinpoche y Gampo Acharya Pema Chodron, las que serán transmitidas en directo desde el Centro Shambhala de la Montaña (EEUU). Se trata de los dos primeros días correspondientes al Retiro de Verano que se realiza en dicho centro y cuyas enseñanzas serán puestas a disposición de toda la comunidad Shambhala.

El programa que hemos preparado para ambos días es el siguiente:

09:30 – 09:50        Cantos de apertura
09:50 – 12:00        Práctica de meditación
12:00 – 12:20        Pausa
12:20 – 14:00        Presentación y transmisión charla en vivo
14:00 – 15:00        Almuerzo compartido  (*)
15:00 – 17:30        Práctica de meditación

El retiro tiene un valor de $7.500 diarios y de $5.000 diarios para miembros con cuota al día. Para informaciones e inscripciones pueden contactarse con Daniela Crovetto, al 92250976 o a través del correo [email protected],  encargada de Prácticas y Eventos Especiales.

(*) El horario del almuerzo puede variar dependiendo de la duración de la charla. Les recomendamos traer el almuerzo preparado, para simplemente calentarlo.

Compasión Idiota por Pema Chödron


Estudiante: Me interesa la idea de compasión idiota que aparece en el libro de Ken McLeod “Despierta a tu Vida”, y sentir compasión por alguien que te esta haciendo daño o de quien debieras separarte. ¿Como se hace la diferencia entre la compasión y la necesidad de apartarse de una situación dañina?

Pema Chödron: Compasión idiota es una gran expresión, que fue acuñada originalmente por Trungpa Rimpoche. Se refiere a algo que hacemos mucho y llamamos compasión. En alguna manera es lo que se conoce como ser permisivo. Es la tendencia general a darle a la gente lo que ellos quieren porque no puedes tolerar verlos sufrir. Básicamente, no les estas dando lo que necesitan. Estas tratando de huir de la sensación de no puedo verlos sufrir. En otras palabras, lo estas haciendo para ti, no para ellos.

Cuando ves claramente, el fijar límites apropiados y todo eso, sabes que si alguien es violento y demuestra violencia hacia ti—usando esto como ejemplo—lo compasivo no es dejar que eso pase, permitiendo que alguien pueda seguir alimentando su violencia y agresión. Así es que por supuesto que se van a revolver y también se enfadarán mucho. Y Por supuesto, se te va hacer muy difícil seguir el proceso de dejar la situación. Pero eso es lo compasivo.

Es lo compasivo para ti también, pues tu eres parte de esa dinámica, antes siempre te quedabas. Y ahora vas hacer un cosa que te asusta, muy distinta, que te deja sin piso. Pero es lo más compasivo para ti, en vez de quedarte en una relación degradante, destructiva y abusiva.

Y es lo más compasivo para ellos también. Ciertamente no te darán gracias, y ciertamente no quedarán contentos. Pasaran por mucho. Pero si va haber oportunidad de que ellos despierten o que trabajen sobre su lado del problema; su comportamiento abusivo o lo que sea, esta es la única oportunidad; que tu actualmente pongas un límite y salgas de allí.

Conocemos muchas historias de personas que han tocado este fondo, donde los que ellos aman ha dejado de darles compasión equivocada y simplemente se han ido. Eso a veces despierta a una persona, y empiezan hacer lo que necesitan hacer.

Traducción Revisada de “Compasión Idiota”.
Original “Idiot Compassion”