Carta del Dathün

“Trungpa Rinpoche escribió esta carta en relación a la práctica de retiro de un mes completo denominada Dathün”

Quiero que sepan cuánto valoro su participación en esta disciplina concreta y que podamos compartir este mundo tal como lo han hecho los grandes maestros del linaje. Ni siquiera podemos decir que estemos aplicando viejos métodos a un mundo nuevo sino que estamos conduciendo nuestra vida plenamente. El tipo de meditación shamatha fué particularmente recomendado por el Buda. Se conoce como la única manera de meditar para principiantes, desde hace 2.500 años.

Para empezar podríamos tratar acerca de la actitud que  nos abre la posibilidad de estar presentes. Esta actitud no consiste en tener una opinión. Cuando hablamos de actitud en ese contexto, estamos hablando de darnos cuenta de la mente, que es precisamente en lo que consiste el estar presente. Darse cuenta de la mente significa que uno es consciente, que tu mente se da cuenta de tí. En otras palabras, lo básico es que uno es consciente de que está consciente. Se sugiere con ello que  no eres una máquina; eres una persona individual que te relacionas con lo que ocurre a tu alrededor. Y el estar presente, en este caso concreto, es la sensación de ser.

Podríamos usar la frase tocar y soltar. Estamos en contacto, estamos tocando la experiencia de estar ahí, de estar realmente ahí y entonces soltamos. Esto se aplica al darse cuenta de la respiración y a la conciencia cotidiana de estar vivo. El punto de tocar y soltar es que hay una sensación de sentir. El punto de tocar es que hay un sentido de la existencia, de que tú eres quien eres.

Cuando uno se sienta en el cojín, uno siente que está sentado en el cojín y que uno realmente existe. Uno no necesita grandes estímulos para fomentar esta actitud. Uno está ahí, uno está sentado, uno está ahí, uno está sentado. Ésa es la parte de tocar. Y la parte de soltar es que uno está ahí y uno no se queda sólo en eso. Uno no mantiene su sentido de ser sino que uno suelta hasta eso. Tocar y soltar. Hay un sentido de individualidad, una sensación de ser una persona. Realmente estamos aquí, existimos.

Podríamos preguntarnos que nos va a pasar en ese momento. ¿Qué pasa con la no-existencia y la ausencia de ego que tanto enfatiza el budismo? ¿Qué pasa con lo que hoy entendemos por materialismo espiritual? ¿Qué nos va a pasar si lo hacemos? ¿No nos perderemos hacia alguna trampa en algún pozo? Quizás sí. Quizás no. No hay garantía porque no hay garante. De todos modos, es posible que uno sólo haga eso. Recomendaría que uno no preocupara de la seguridad futura, sino que haga esto, directa, simplemente y del resto del problema se ocuparán el sangha y el gurú. Hay alguien ahí para ocuparse de los asuntos de uno, alguien imperturbable. Uno no se lo puede sacudir. Eso sucede de todas formas. En el momento en que uno se compromete, en el que uno se mete, significa que uno ya ha pedido a alguien que se ocupe de sus asuntos. Y eso es lo que está ocurriendo o podría ocurrir. Así que dejemos de preocuparnos sobre esa clase de seguridad futura. Dediquémonos a tocar y soltar.

Hay otro grado mayor de tocar que resulta necesario. El tocar se aplica no sólo a darse cuenta de una sensación de ser, o a estar presente es esa sensación de ser, también se produce al nivel de estar presente en las situaciones. Es decir, uno debe reconocer su estado mental de agresión o de lascivia. En esos estados no se trata de reconocerlos para a continuación librarnos de ellos, sino de mirarlos realmente. Esto es un punto muy importante. No hay nada que suprimir o callar. Uno pasa por esa experiencia de estar mucho más agresivo y enfurecido, o de sentirse mucho más lascivo, lo que sea, Uno no dice sólo: “Ah, vale. Eso es lo que está pasando”. O con mucha educación: “Hola. Un placer volver a vernos. Vale. Hasta luego, quiero volver a mi respiración”, Eso es como encontrarse a un viejo amigo que le recuerda a uno el pasado y decir: “Bueno, perdona, pero tengo que ir al tren para llegar a mi próxima cita”. De alguna manera decepciona.

Así que en esta aproximación concreta a la práctica de shamatha, uno no se da de baja por las buenas. Uno reconoce lo que está ocurriendo y también lo mira. El punto es que uno no se facilita las cosas de manera que pueda escapar de los momentos vergonzosos y desagradables, los momentos pudorosos de la propia vida. Esos pensamientos pueden surgir como recuerdos del pasado, o como la experiencia dolorosa del presente. O la perspectiva dolorosa futura, quizás lo que uno va a hacer después de esto. Todo eso ocurre y uno lo experimenta y lo mira y luego vuelve a su respiración. Esto es muy importante. Extremadamente importante.

Existe la posibilidad de que podamos retorcer la lógica. Si uno cree que sentarse, meditar y volver a la respiración es una manera de evitar los problemas, entonces ése es el problema. Uno puede creer que su práctica está bendecida por Buda, puesto que se trata de la técnica de prestar atención a la respiración que él recomendó. Por consiguiente, hay algo muy ortodoxo y extremadamente bueno y sensible y real y uno no tiene que atender a esas pequeñeces embarazosas que ocurren en la vida. Uno puede considerar que no son importantes y volver sólo a la respiración: de esa manera se crea un conjunto de remiendos, uno embotella los problemas y los mantiene como la propia herencia familiar. Por consiguiente es muy importante mirar esas cuestiones embarazosas y luego volver a la respiración. De todos modos, no se debe entender en absoluto que si uno los mira, eso se va a convertir en una expresión de libertad, un escape de un lugar a otro o que con eso termina todo.

De hecho, muchos problemas en la vida no se producen porque uno sea una persona agresiva o lasciva. El problema más grande consiste en que uno quiera embotellar esas cosas y apartarlas, de manera que uno se convierte en experto del engaño. Ése es uno de los mayores problemas. Se supone que la práctica de la meditación deja al descubierto los intentos de fomentar esa aproximación sutil, sofisticada y engañosa. Se trata de descubrir esos parches. Ése es el punto básico del que es extremadamente importante darse cuenta y trabajar con ello.

Creo que en lo que concierne a la práctica de la meditación sentada, es necesario cierto tipo de rigidez, cierta disciplina estricta. La postura debe ser correcta. Se recomienda constantemente que uno se siente con las piernas cruzadas y no en cualquier otra postura que le convenga a uno. Uno podría preguntar :”En el supuesto de que me tumbe y medite, ¿sería válido?”. De alguna manera no parece serlo. No porque haya una regla rígida sino por el aspecto práctico. Cuando uno se sienta, se sienta de manera adecuada. Uno mantiene la espina dorsal recta, la respiración no está alterada y el cuello no sufre alteraciones. Así que uno se sienta rectos y con las piernas cruzadas. Uno puede cambiar su postura y reacomodarla. No se trata de autocastigarse y tratar de mantenerse tieso constantemente. Pero uno se sienta correctamente y no se altera la respiración. Si uno se sienta de forma adecuada, uno está ahí. La respiración se produce con naturalidad.

Ésa es la diferencia entre animales y seres humanos. Los animales se relajan en posición horizontal. Los caballos pueden dormir así. Incluso pueden meditar así, si alguien enseñara a los caballos a meditar. Las serpientes, los lagartos, los caballos y las vacas podrían meditar horizontalmente. Pero en lo que respecta a los seres humanos, no caminamos a cuatro patas en este punto de la evolución. No tenemos la posibilidad de dar marcha atrás, así que tenemos que caminar con dos pies. La postura vertical es la nuestra, incluso cuando nos sentamos. De manera que como estamos formados de esa manera, debemos hacerlo de esa manera. Buda mostró dioel ejemplo. El Buda de los seres humanos se sienta derecho en la postura de meditación. No es algo especialmente antropocéntrico, en el sentido de que los seres humanos son vistos como los seres de más categoría. Se trata de cómo estamos hechos y debemos actuar como tales. Así que la postura es muy importante. Es erguida comparada con el estilo animal y sin tensar demasiado el cuello. Sólo sentarse, de manera muy sencilla.

He observado que cuando la gente ve que sucede algo muy interesante en una película, todo el mundo se sienta en una postura perfecta. Y cuando la película se vuelve ligeramente aburrida y falta de interés, la gente empieza a hacer todo tipo de cosas. Pero al principio mantienen una postura perfecta. De manera que ése es un ejemplo para nosotros. Está ocurriendo, es la vida de cada uno, y uno está erguido y uno está respirando. Es muy personal y muy directo. Uno está sentado, sentado erguido y la cabeza está adelantada, no alzada ni bajada, directa. La postura es muy importante, extremadamente importante en este caso.

Respecto a la respiración en la meditación, la actitud consiste en que, desde que uno se sienta en la postura adecuada, la respiración va saliendo de uno. El enfoque de shamatha respecto a esto es la siguiente: la respiración va saliendo, uno se convierte en respiración. Uno debe intentar identificarse con ella por completo en vez de contemplarla. Sólo consiste en que uno es la respiración, la respiración es uno mismo. El aliento sale de nuestras fosas nasales, sale y se disuelve en la atmósfera, en el espacio. Uno pone cierta energía y esfuerzo en ello. Y entonces, como ocurre con la inhalación, ¿debe uno tratar de inspirar y arrastrar dentro cosas deliberadamente en esa respiración? No es recomendable. Uno sólo debe boicotear la respiración, boicotear la concentración en la respiración. Al exhalar, hay que dejar que disuelva, abandonémosloarla, boicoteémosloarla. De manera que la inhalación es sólo espacio. Física, biológicamente, uno inhala, obviamente, pero no es gran cosa.

Entonces se exhala de nuevoamosla exhalación: hay que estar en ello. De manera que fuera, se disuelve, espacio; sale, se disuelve, espacio. Apertura constante, espacio, abandonar, boicotear la parte de uno mismo que quiere seguirlo. En este caso, boicotear es una palabra muy significativa. Si uno se aferra a su respiración, uno se está aferrando a sí mismo constantemente. En cuanto uno empieza a boicotear el final de la exhalación, no queda nada. Excepto que la siguiente exhalación le recuerda a uno que debe sintonizar con ello. Así que uno sintoniza, disuelve, sintoniza, disuelve, sintoniza, disuelve.

Los pensamientos surgen en medio de la práctica. “Bueno, cuando vuelva a la casa…”, “¿Cómo debo hacer mi caligrafía?”, “¿Cómo puedo escribir otro artículo?”, “¿Cómo estarán llevando las finanzas en Karma Dzong?”, “Odio a fulano que se ha portado fatal conmigo”, “Me gustaría hacer el amor con ella si estuviera aquí” y “¿Qué pasa con mis padres?”. Todo tipo de pensamientos empiezan a surgir con naturalidad. Si uno tiene mucho tiempo para meditar sentado, pensamientos sin fin aparecen constantemente.

La aproximación a eso es que realmente no hay aproximación. Cuando siento un dolor en el cuello, vale, pienso “dolor en mi cuello”. Hay que reducir todo a nivel de pensamiento en vez de conceptos. Cuando uno tiene estas charlas mentales, normalmente lo que ocurre es que las llamamos pensamientos. Pero si uno entra profundamente en charlas emocionales, o luchas y forcejeos con la mente, uno lo llama emoción y le da un prestigio especial. Uno piensa que merece ese privilegio especial de llamarlo emoción. “Estoy realmente furioso, es más que un pensamiento”, “Me estoy poniendo cachondo, es más que un pensamiento”. De alguna manera, en el terreno de la mente real, las cosas no funcionan así. Todo son pensamientos, todos son pensamientos, todos. Se trata sólo de pensar; pensar que uno está cachondo, pensar que uno está furioso. Es el proceso de pensar lo que ocurre sin cesar.

Respecto a la práctica de shamatha, la idea consiste en despersonalizar los pensamientos. Cuando uno medita, los pensamientos propios no se contemplan como “importantes” en la vida. Uno piensa, uno se sienta; uno piensa, uno se sienta; uno piensa, uno se sienta. Uno tienen pensamientos, uno tiene pensamientos, pensamientos sobre pensamientos, pensamientos sobre pensamientos. Así que dejemos que ocurra de esa manera; llamémoslo pensamientos. Uno está pensando, uno está pensando constantemente, sólo pensando. Uno no se enfada realmente. Quizás uno siente la repercusión física de ello pero sigue siendo el proceso de pensar el que lo genera. Uno puede tener erecciones en mitad de la práctica sentada, pero se trata del pensamiento. Primero la mente tiene la erección y a continuación el cuerpo tiene la erección. Normalmente ésa es la pauta. De manera que se trata del proceso de pensar, proceso constante de pensar, pensamiento, sólo pensamiento, pautas de pensamiento.

Pero hay un límite. A fuerza de pensar y pensar, pensar sobre pensar, podemos imponer una intensidad al cuerpo que lo va minando. En otras palabras, si consideramos nuestrocontempla cuerpo como nuestro hermano pequeño, y le decimos que se calle porque el hermano mayor es más importante, no es buena cosa. Uno puede llegar más lejos y debilitar el cuerpo, la pierna, la espalda o algo. Uno debe reajustar su postura si es necesario, y a veces es bueno hacerlo. Pero al mismo tiempo es un proceso de puro pensar y uno debe relacionarlo con el proceso de pensar.

Otra cosa que quiero mencionar es el foco de los ojos cuando uno mira las cosas. A veces, si uno presta demasiada atención a los detalles visuales y los colores, uno consigue un cuello rígido y dolor de cabeza. Eso ocurre porque el coste visual es mucho más del necesario. Normalmente en la vida diaria, caminamos y movemos nuestro cuerpo y miramos, de manera que todo está equilibrado. En este caso uno pasa tanto tiempo sentado que lo único que queda por hacer es escuchar y mirar. Tampoco hay mucho ruido, así que todo se concentra visualmente. De manera que hay tensión y eso es un problema. La idea consiste no tanto en enfocar la situación visual sino en abrir los ojos y verlo, quizás mirarlo. Pero uno no debe tratar de manipular su alucinación visual.

El reto siguiente es la práctica de meditación caminando. Nos hemos dado cuenta en el pasado que mucha gente lo considera la ocasión para hacer grandes despliegues. Todo el mundo trata de compensar el hecho de que no se puede hacer mucho cuando uno está sentado. Sin embargo cuando se ponen en pie y caminan al menos pueden ejercitar su auto-existencia. Eso se convierte en una situación muy molesta y problemática. La meditación caminando se contemplaba como un alivio cómico, el momento de hacer algo extraordinario, o auto-exploratorio, auto-expresivo. Los poetas caminan a su manera, la gente de teatro camina a su manera, la gente atemorizada camina a su manera. Creo que no es especialmente recomendable. Puesto que gracias a que tenemos la posibilidad de revisar lo ocurrido anteriormente, podemos sacar a relucir esta cuestión.

La práctica de meditación caminando es la misma que la meditación sentada, excepto que uno está caminando. En lugar de prestar atención a la respiración, uno trabaja con el movimiento de las piernas. Y el cuerpo se mantiene en una buena postura. Uno levanta su pierna derecha, la adelanta, toca con la planta del pie en el suelo y pisa; luego la pierna izquierda suelta su tensión, se adelanta, toca y pisa. La pierna derecha se adelanta, toca y pisa. Es un caminar muy natural, muy corriente. A menudo la gente intenta correr alrededor y hacer carreras con todo el mundo o bien hace muy despacio. Ambas son actitudes innecesarias. Y uno debe procurar que la atención haya pasado a las piernas.

De hecho, la práctica caminando es muy importante. Se relaciona mucho más de cerca con la vida diaria que la práctica sentada. En la meditación caminando, uno se levanta del cojín de meditación y comienza a caminar en la calle, hablando y trabajando. De manera que la meditación caminando es un período de transición muy importante, aunque en este caso sea todavía parte de la práctica formal. Al mirarlo de esa manera, uno tiene que prestar atención. Uno lo puede hacer deliberadamente de alguna forma, pero también libremente, espero.

No se puede predecir la duración de cada sesión sentada, lo mismo que durante los nyinthün, ésa es parte de la aproximación. Uno se enfrenta a un primer día en concreto, a un segundo día, a un tercer día, y cada día tiene un orden concreto imprevisible. El esquema no se hace público por decirlo de alguna manera; así que uno no tiene que prepararse para batallar con una meditación sentada larga, o a la espera de un largo descanso para el té, sólo lo sabe quien lleva el tiempo. Las cosas ocurren como la vida misma. La idea básica consiste en suavizar los aristas afiladas entre períodos sentados y no sentados, de manera que se va desarrollando una práctica constante de darse cuenta. Ésa parece ser la aproximación básica.

La siguiente pregunta consiste en cómo debemos comportarnos en los períodos en los que no estamos sentados aquí. ¿Debe uno caminar de puntillas como si estuviéramos pisando huevos intentado mantener la experiencia de meditación? ¿Debe uno lanzarse en picado y hacerlo como sea? ¿O debe uno hacerse un poco el tonto y dubitativo e intentar seguir el juego a la energía ajena? Esas tres posibilidades son los síndromes habituales de pasión, agresión e ignorancia. En este caso, la cuestión no es que uno deba caminar de puntillas, ni lanzarse en picado ni mostrarse dubitativo. Sino que uno debe seguir manteniendo el sentido de darnos cuenta meditativo que uno ha ido desarrollando; basta continuar así. Esto no significa especialmente trabajar con la respiración o con el propio caminar, sino que hay un flash de darse cuenta, el recuerdo de que uno se ha sentado y se ha comprometido con este rumbo concreto. Se trata de reconocer que uno ha establecido un objetivo y que estar aquí es parte de él. No hay nada especialmente moralista ni se trata de portarse bien como chicos buenos y chicas buenas. Se trata sólo de rememorar básicamente por qué está uno aquí. Y uno está aquí; uno se ha sentado y ha meditado; es un hecho muy simple.

Otra recomendación general, en la que insisto, de hecho, muy encarecidHe observado que las comidas se convierten en algo parecido a una cafetería de empresa. Es un momento de relajo, un momento de libertad que es innecesario en este caso. Creo que podemos hacerlo de otra manera, podemos relacionarnos con todo esto de manera muy directa y precisa. El problema es, por una parte, el parloteo innecesario, y por otra, la sensación de espacio libre, de vacaciones. Están comiendo y bebiendo, pasándolo relativamente bien sin duda, y lo miran como algo completamente externo a lo que estamos haciendo aquí. Hay una dicotomía muy grande, una brecha, una brecha impresionantemente grande. Esto no es necesario. Si desarrollamos una brecha así durante las comidas o durante el tiempo libre, pensando que es tiempo libre, tiempo para relajarse, para liberar energía, entonces obviamente la práctica sentada va a ser como una prisión. Ustedes entonces están creando su cárcel. La sala de meditación es donde ocurren las cosas serias y cuando salimos por la puerta, entonces todo está bien, de vuelta a la normalidad o algo. Aunque nuestro entorno físico es, de alguna manera, aislado y restringido, aún así, podemos improvisar con nuestro tiempo libre y disfrutarlo. Al hacerlo, están desarrollando aversión hacia un lugar considerándolo una cárcel, mientras el otro lugar llega a representar la libertad, pasarlo bien.

Entonces la sugerencia que les hago es que igualemos todo y lo pasemos bien en todas partes. Esto no es como una cárcel ni tampoco es como vacaciones, libertad, o feriado. Todo debe ser igualado. Esa parece ser una aproximación fundamental: si nos sentamos, si nos ponemos de pie, es lo mismo; si comemos, si nos agachamos, es el mismo proceso. Es nuestro mundo viejo y conocido. Y en todo caso, acarreamos nuestro mundo con nosotros, no podemos cortar nuestro mundo en diferentes rodajas y ponerlo en distintos casilleros.

Se trata de no tener tanta mentalidad de pobreza acerca de nuestra vida. No tenemos que tratar de sacar un pedacito de chocolate de nuestra vida, todo el resto va a ser amargo pero aquí puedo tener un chapuzón de placer. Si nuestro cuerpo está acalorado y metemos un dedo en agua helada, se siente bien. Al mismo tiempo es doloroso, no es especialmente placentero. Entonces, si sabemos el significado del placer en sentido general, este chapuzón en el placer se convierte en otro castigo y en un truco innecesario que nos hacemos a nosotros mismos. En realidad, la práctica de meditación no se trata tanto de alcanzar una iluminación hipotética, si no más bien de vivir una buena vida. Para aprender a vivir una buena vida, una vida sin mácula, es necesario darnos cuenta siempre de la vida, constantemente, directamente y muy simplemente.
Chögyam Trungpa Rinpoche, Carta del dathün, septiembre de 1974.

Chögyam Trungpa

Dathün Letter

I would like you to know that I appreciate your participating in this particular discipline, and that we can share this world in the way the great teachers of the lineage have. We cannot even say that we are applying old methods to a new world, but only that we are leading our lives fully. The shamatha style of meditation is particularly recommended by the Buddha. It has been known as the only way for beginning meditators for 2,500 years.

To begin with we could discuss the attitude that brings about possibilities of mindfulness. This attitude is not particularly opinionated. When we talk about attitude in this context we are talking about awareness of mind, which is precisely what mindfulness is. Awareness of mind means that you are aware, that your mind is aware of yourself. In other words, the basic point is that you’re aware that you’re aware. The suggestion here is that you are not a machine; you are an individual person relating with what’s happening around you. And mindfulness in this particular case is the sense of being.

We could use the phrase touch and go. You are in contact, you’re touching the experience of being there, actually being there, and then you let go. That applies to awareness of your breath and also to your day-to-day living awareness. The point of touch and go is that there is a sense of feel. The point of touch is that there is a sense of existence, that you are who you are.

When you sit on the cushion, you feel you are sitting on the cushion and that you actually exist. You don’t need too much encouragement to develop that kind of attitude. You are there, you are sitting, you are there, you are sitting. That’s the touch part. And the go part is that you are there, and then you don’t hang on to it. You don’t sustain your sense of being, but you let go of even that. Touch and go. There’s a sense of individuality, a sense of person. Actually, we are here, we exist.

We might question what will happen to us at that point. What about the non-existence and egolessness Buddhism emphasizes so much? What about the current issue of spiritual materialism? What’s going to happen to us if we do that? Aren’t we going to stray into some kind of pitfall? Maybe you are. Maybe you are not. There’s no guarantee, since there’s no guarantor. However, it is possible that you could just do this. And I would recommend that you shouldn’t worry about future security, but just do this, directly, simply, and the rest of the problem will be taken care of by the sangha and the guru. Somebody is there to mind your business, somebody unshakable. You can’t shake them off. That’s happening anyway. Since you are committed, since you are into it, that means you’ve asked somebody to mind your business already anyway. And that is happening, or could happen. So let us not feel too much concern about future security of that nature at all. Let us do the touch and go.

There is a further touch that is necessary. The touch applies not only to awareness of a sense of being, or mindfulness of a sense of being, it also happens at the level of mindfulness of situations. That is, one’s mental state of aggression or lust has to be acknowledged. Those states should not just be acknowledged and pushed off, but actually looked at. That is a very important point here. There’s no suppression or shying-off involved. You have that experience of being utterly aggressive and angry, or being utterly lustful, whatever. You don’t just say, “Oh, it’s okay. This is what’s happening.” Or, very politely, “Hi. Nice seeing you again. You are okay. Goodbye, I want to get back to my breath.” That’s like meeting an old friend who reminds you of the past and saying, “Well, excuse me, I have to catch the train to make my next appointment.” That’s somewhat deceptive.

So in this particular shamatha approach to practice you don’t just sign off. You acknowledge what’s happening, and then you look at it as well. The point is that you don’t give yourself an easy time so you can escape the embarrassing and unpleasant moments, the self-conscious moments of your life. Such thoughts might arise as memories of the past, or the painful experience of the present, or painful future prospects – maybe what you’re going to do after this. All those things happen and you experience them and look at them and then come back to your breath. This is very important. Extremely important.

There is the possibility that we could twist the logic all around. If you feel that sitting and meditating, coming back to the breath, is a way of avoiding problems – then that is the problem. You might feel your practice is sanctioned by the Buddha, since you have the technique of mindfulness of breath which he recommended. Therefore it’s something extremely kosher and extremely good and sensible and real, and you don’t have to pay attention to all those little embarrassments that happen around your life. You can regard them as unimportant and just come back to the breath – then you are creating a patchwork; you are bottling-up problems and keeping them as your family heirloom. Therefore it is very important to look at those embarrassments and then come back to the breath. However, there’s no implication at all that if you look at them it’s going to be an expression of freedom, an escape from one point to another, or that that’s the end of the story.

In fact, most of the problems in life do not come so much because you are an aggressive or lustful person. The greatest problem is that you want to bottle those things up and put them aside, and you have become an expert in deception. That is one of the biggest problems. Meditation practice is supposed to uncover any attempts to develop a subtle, sophisticated, deceptive approach. It is to uncover those patches. That’s a basic point, which is extremely important to realize and work with.

I think as far as sitting practice is concerned, there is a need for some kind of rigidity, some strict discipline. Your posture should be correct. It is constantly recommended that you sit cross-legged, as opposed to hanging out in any convenient posture. You might say, “Suppose I lie down and meditate, wouldn’t that still be valid?” Somehow it doesn’t seem to be. Not because there is a rigid rule, but it’s a practicality. Once you sit, you sit properly. You have a straight spine, your breath doesn’t have any strain, and your neck doesn’t have any strain. So sit, upright, cross-legged. You can change your posture and rearrange yourself. There’s no point in punishing yourself and trying to strain constantly. But you sit, properly, so there’s no strain on the breath. If you sit up properly, you are there. Your breathing follows naturally.

It’s the difference between animals and human beings. Animals find relaxation by going horizontal. Horses can sleep that way. They could even meditate that way, if anybody taught horses to meditate. Snakes and lizards and horses and cows could meditate horizontally. But as far as human beings are concerned, we don’t walk on four feet at this point of our evolution. We have no chance of going back, so we have to walk on our two feet. For us that vertical posture always happens, including when we sit. So since we are formed this way, we should do it this way. The Buddha set an example. The Buddha for human beings sits upright in the meditation posture. This isn’t particularly anthropocentric, in the sense that human beings are regarded as the highest beings. It’s a question of what our make-up is, and we should go along with our make-up. So posture is very important. It’s upright as opposed to animal style, and not too tense in your neck. Just sit up, very simply.

I’ve noticed that when people see something very interesting happening in a movie, everybody sits up in perfect posture. And when the movie gets slightly dull and uninteresting, people begin to do all kinds of things. But at first, they have perfect posture. So that’s an example for us. It is happening, it is your life, and you are up, and you are breathing. It is very personal and very direct. You are sitting, you are sitting upright, and your head is forward, neither up nor down, direct. Posture is very important, extremely important, in this case.

The attitude towards breathing in meditation is that once you are set properly in your posture, there is breath coming out of you. The shamatha approach to relating with that is: breath is coming out, become the breathing. Try to identify completely rather than watching it. It’s just: you are the breath; the breath is you. Breath is coming out of your nostrils, going out and dissolving into the atmosphere, into the space. You put a certain energy and effort towards that. And then, as for inbreathing, should you try to breathe in and deliberately try to draw things in? That’s not recommended. Just boycott your breath, boycott your concentration on the breath. As your breath goes out, let it dissolve, just abandon it, boycott it. So inbreathing is just space. Physically, biologically, one does breathe in, obviously, but that’s not a big deal.

Then another breath goes out – be with it. So out, dissolve, gap; out, dissolve, gap. Constant opening, gap, abandoning, boycotting that of you which would follow through. Boycotting, in this case, is a very significant word. If you hold onto your breath, you are holding onto yourself constantly. Once you begin to boycott the end of the outbreath, then there’s no world left. Except that the next outbreath reminds you to tune in with it. So you tune in, dissolve, tune in, dissolve, tune in, dissolve.

Thoughts arise in the midst of that practice. “Well, back at home…” “How should I do my calligraphy?” “How can I compose another article?” “What’s happening in the financial scene of Karma Dzong?” “I hate so and so who was so terrible to me.” “I would love to make love if she were only here,” and “What’s the story with my parents?” All kinds of thoughts begin to arise naturally. If you have lots of time to sit, endless thoughts happen constantly.

The approach to that is actually no approach. When I feel an ache in my neck, okay, I’m thinking “ache in my neck.” Reduce everything to thought level rather than to concepts. Usually what happens is that if you have mental chatter, you call it your thoughts. But if you have very deeply involved emotional chatter, or fights and struggles in your mind, you call it emotion, and you give it special prestige. You think it deserves the special privilege of being called emotion. “I’m actually angry, it’s more than my thought.” “I feel so horny, it’s more than my thought.” Somehow, in the realm of actual mind, things don’t work that way. All of them are thoughts, all of them are thoughts, all of them. It’s just thinking; you’re thinking you’re horny; you’re thinking you’re angry. It’s thinking process taking place all the time.

So the idea, as far as this shamatha practice is concerned, is to depersonalize the thoughts. Your thoughts are no longer regarded as VIPs in your life, while you meditate. You think, you sit; you think, you sit; you think thoughts about thoughts. So let it happen that way; call them thoughts. You are thinking, you are constantly thinking, nothing but thinking. You are not really getting angry. Maybe you have physical repercussions from it, but still it’s the thought process generating that. You might have erections in the middle of your sitting but it’s your thought. Your mind gets erected first, then your body becomes erected afterwards. Usually that’s the pattern. So it’s thinking process, constant thinking process, thought, nothing but thought, thought patterns.

But there is a limit. By thinking and thinking, thinking of thinking, you can impose intensity on your body which undermines it. In other words, if you regard the body as your little brother and tell it to shut up, because big brother is more important, that is not really a good think to do. You could go too far and strain your body, your leg, your back or something. Rearrange your posture if it is necessary; at some point it’s good to do that. But at the same time, it’s a thinking process, and relate to it as a thinking process.

Another thing I would like to mention is the focus of the eyes when you look at things. Sometimes, if you are paying too much attention to visual details and colors, you find you’re getting a tight neck and a headache. That’s because your visual expenditure is much more than necessary. Usually in our ordinary life we walk and we move our bodies and we look, so the whole thing is balanced. In this case you sit so much and the only thing you have left to do is to listen and to look. And there’s not much noise either, so everything is concentrated visually. So there is tension and that’s a problem. The idea is not to focus too much on the visual situation, but just open you eyes and see it, and look at it maybe. But don’t manipulate your visual hallucination.

The next challenge is the walking practice of meditation. We have found in the past that a lot of people treated it as an opportunity for dramatic display. Everybody tried to compensate for the fact that when they sat they couldn’t do very much. However when they stood and walked they could at least exercise their self-existence. That became a very troubled and problematic situation. The walking meditation was regarded as comic relief, a time to do something extraordinary, or self-exploratory, self-expressive. The poets walked their way, the theater people walked their way, the freaked-out people walked their way. I think that’s not particularly advisable. Since we have a chance to review what happened before, we can bring this issue to the surface.

Walking practice is the same as sitting practice, except that you’re walking. Instead of paying attention to your breath you work with the movement of your legs. And your body still is in good posture. You raise your right leg, swing out, touch your sole on the floor and press; then the left leg releases its tension, you swing across, touch and press. The right leg swings across, touches and presses. It’s a very natural, very ordinary walk. Often people attempt to run around and race with everybody or they do it very slowly. Both of those are unnecessary affectations. And you should be careful that your awareness has shifted to your legs.

In fact, walking practice is very important. It relates to your everyday life situation much more closely than sitting practice. In walking practice you rise from your meditation cushion and begin to get into walking in the street, speaking, and working. So walking practice is a very important transitional period, although in this case it’s still part of formal practice. So regarding it that way, you have to pay heed to it. Hopefully you can do it somewhat deliberately, but at the same time freely.

The duration of each sitting period is not predictable; that’s part of the approach, the same as with nyinthüns. You have a day number one, day number two, day number three, and each day has a particular unpredictable schedule. The schedule is not released to the public, so to speak, except to the timer, so you do not prepare yourself to fight through that long sitting, or to expect that long tea break. Things are just worded out as ongoing life situations. The basic idea is to dissolve the sharp edges between sitting and nonsitting periods, so that an ongoing awareness practice is developing, constantly happening. That seems to be the approach.

The next question is how should we handle ourselves during the periods when we are not sitting here? Should you just tiptoe back like walking on eggs, still trying to hold onto your meditation experience? Or should you make a big splash and come right on? Or should you be somewhat dumb and hesitant and try to play along with other people’s energy? Those three choices are the passion, aggression, and ignorance syndromes that usually happen. In this case I think the point is not so much that you should tiptoe, or make a big splash, or be hesitant. But you should try to continue the sense of meditational awareness that has developed in your state of being; just continue that way. This doesn’t mean especially working with the breath or working with your walking, but there is a flash of awareness, the memory that you sat and that you are committed to this particular course. It’s the recognition that you have set your purpose and that being here is part of that. It’s nothing particularly moralistic or a question of behaving like good boys and good girls. It’s just a basic recollection of why you are here. And you are here; you have sat and meditated; it’s very simple and factual.

Another general recommendation – which I recommend very heavily, as a matter of fact – is to minimize unnecessary chatter. This means you should refrain from conversing or commenting among yourselves and limit your verbal statements to what is purely functional and necessary. For example, one might say, “Pass the salt,” or “Close the door.”

That brings us to the point of mealtimes. Mealtime, as I have observed, becomes like a company cafeteria. It’s a moment of release, a moment of freedom – which is unnecessary in this case. I think we can approach it differently; we can approach the whole thing very directly and precisely. One problem is unnecessary chatter and another is a sense of a gap, a vacation. You are eating and drinking – no doubt having a relatively pleasant time – and you regard it as completely outside of what we’re doing here. There’s a big dichotomy, a big gap, a shockingly big gap. Which is unnecessary. If we develop such a gap during the mealtimes or during free time – thinking that this is free time, release time, time to release energy – then obviously your sitting practice is going to be like imprisonment. Then you are creating your own jail. The meditation hall is where serious things take place, and when we get out of the door, then everything’s okay, back to normality or something. Although our physical environment is somewhat isolated and restricted, still, we can improvise with our free time and enjoy ourselves. By doing that, you’re developing hatred towards one place, considering it a jail, while the other place comes to represent freedom, having a good time.

So the suggestion here is that we could even out the whole thing and have a good time all over the place. This is not so much a jail, and that is not so much a vacation, freedom, a holiday. But everything should be evened out. That seems to be a basic approach: if you sit, if you stand, it’s the same thing; if you eat, if you squat, it’s the same process. It’s the good old world. You are carrying your world with you in any case; you can’t cut your world into different slices and put it into different pigeon holes at all.

The point is that we don’t have to be so poverty-stricken about our life. We don’t have to try and get a little chocolate chip from our life. All the rest will be sour, but here I can take just a dip in pleasure. If your body is hot and you dip your finger in ice water, it feels good. It’s so painful at the same time, not particularly pleasurable. So if you really know the meaning of pleasure in the total sense, this dip in pleasure is just further punishment and an unnecessary trick that we play on ourselves. Actually the practice of meditation is not so much about a hypothetical attainment of enlightenment, but in this case about leading a good life. In order to learn how to lead a good life, a spotless life, we need continual awareness that relates with life constantly, directly, very simply.

© Diana J. Mukpo